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12 escultores finimilenaristas en México

Entrevista


Kiyoto Ota
 
Ángel Suárez Sierra: ¿Podrías decirnos algo de tus antecedentes personales?

Kiyoto Ota: Nací en 1948 en Nagasaki, Japón. El lugar es muy provinciano, hay montañas, mar, ríos. Cuando era pequeño siempre jugaba con la naturaleza. Tal vez esa convivencia algo dio para hacer escultura.

Ángel Suárez Sierra: Al escuchar Nagasaki nos vienen a la memoria antecedentes trágicos, ¿cómo viviste tus primeros años en una ciudad que recientemente había sufrido una tragedia?

Kiyoto Ota: La bomba cayó en 1945 y yo nací en 1948. El lugar se fue convirtiendo en ciudad pero el museo quedó como memoria de algo terrible. Estuve en Nagasaki hasta los 17 años.


Ángel Suárez Sierra: En tus primeros años como escultor ¿qué material trabajabas y qué conceptos?

Kiyoto Ota: En la preparatoria hay que prepararse para entrar a la Academia de Tokio, es muy difícil ingresar. En ese entonces quería ser artista, pintor; tuve que estudiar dos carreras, una era escultura y grabado, y la otra pintura. En esa época todavía no tenía tanto interés en la escultura, pero cuando llegué a México entre a La Esmeralda en 1973 y estudié con el maestro Waldemar Sjölander, quien fue el primero en darme una buena dirección hacia la escultura. El maestro Sjölander tuvo influencia de Isamu Noguchi y me regaló un libro de él. Entonces empecé con maderas y piedra.

Ángel Suárez Sierra: Tengo entendido que existió en Japón una escuela que se llamó Mono Ha, una alternativa al arte contemporáneo. ¿Cómo te inclinaste hacia esa escuela, cuál fue tu relación con ella?
 
Kiyoto Ota: Mono Ha es un movimiento de finales de 1960 y principios de los 70. En esa época estuve pintando inmerso en su dinámica, casi de manera inconsciente porque no sabía de ese movimiento. Es muy importante en Japón porque había muchas tendencias culturales japonesas, pero no había algo netamente japonés y Mono Ha es la única que expresó la cultura y el arte contemporáneo japonés.

Beatriz Zamorano Navarro: ¿Sientes que estás inmerso tanto en tu propia cultura como en la tradición escultórica mexicana? ¿Piensas que esas son tus dos grandes influencias o hay otras?

Kiyoto Ota: Recibí influencia cultural en Japón pero cuando llegué (a México) estaba buscándome a mí mismo, mi forma de vida, de materia. Aunque siento la influencia de Mono Ha, del arte mínimo o los movimientos mundiales, siempre busco mi estilo, mi pensamiento y mi concepto. Hay influencias pero no tan directas. Sigo manteniendo el carácter minimalista, muy simple.

Beatriz Zamorano Navarro: Tu obra ha llegado a trascender. Tu propuesta ha sido interesante por lo cual has recibido reconocimientos y premios. ¿Es una motivación para ti?


Kiyoto Ota: Primero me dieron premios en el concurso de estudiantes de Aguascalientes, me emocionó. Pero los concursos son otra cosa: cuando los muchachos talentosos ganan premios pueden olvidar sus tendencias y hacer obra para los concursos.

Ángel Suárez Sierra: Háblanos de los materiales que has trabajado a lo largo de tu carrera.

Kiyoto Ota: La madera y la piedra son distintas. La madera tiene edad, muere. Si la seco, se parte, todavía está viva. La piedra asimismo tiene edad, diferente dureza y fragilidad. También hay que escuchar su carácter. En una época no tenía tantas ideas mías, más bien escuchaba y daba forma. La madera y la piedra tienen su carácter pero siempre quedaba insatisfecho, quería dar algo más de mí mismo, mi expresión. El plomo me es una materia muy atractiva. Empecé a darle vida. Es muy blando y no se puede sostener a sí mismo; se le puede dar forma a la masa, pero es muy pesado, por eso empecé a utilizar láminas para soportar la forma, así como fibra de vidrio y resinas.

Beatriz Zamorano Navarro: En el plomo encontraste mayor identificación pero estás haciendo cosas nuevas. ¿Qué vas a presentar y qué materiales estas trabajando?
Kiyoto Ota: Después de usar el plomo hay un cambio drástico en mí. Ahora trabajo con escarcha. Es una etapa de cambio porque sigo trabajando el plomo y encima del plomo formo la escarcha; estoy pensando en trabajar la pura escarcha. Hay que profundizar su carácter. Por ejemplo, si a una escultura de campana en plomo le pones escarcha se convierte en otra cosa. La campana tiene muchos significados avisa una boda o una muerte, pero por la escarcha ya no suena la campana y además se cubre de blanco. Aunque queda la imagen de la campana cambia totalmente su significado. No se niega su imagen ni su sentido pero es la entrada para otra información. Por eso la escarcha la uso para cubrir mi escultura de plomo. Está alrededor de nosotros en el aire pero cuando se congela se ve blanca. Este elemento para mí es muy interesante porque tengo la tendencia de hacer escultura con vida y materia.

Beatriz Zamorano Navarro: Esta nueva propuesta requiere una serie de apoyos técnicos dado que el material es efímero. ¿Qué piensas al respecto?

Kiyoto Ota: Para congelar la escultura se necesita ayuda de electros y motores. Esto tiene carácter efímero, si se va la luz, ya no funciona. Creo que lo efímero es una característica de los objetos, como la piedra y la madera. todo se volverá polvo. Aunque sea un tiempo largo o corto, en un segundo podemos ver mundos dentro de la escultura. Cualquier objeto existe con relación a otras cosas. Todo elemento necesita una relación y dentro de esa relación pueden existir cosas. Es como el aire, no se puede ver pero con el material frío se convierte en escarcha. Existe interrelación. La materia tiene historia y vida. La escultura puede ser un medio para que la gente sienta la vida y hasta el universo.

 

 

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