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Arte en México

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12 escultores finimilenaristas en México

Entrevista


Paul Nevin
 
Paul Nevin: Mis papás se cambiaron de España a Inglaterra, según ellos por el bien de nuestra educación. Pero nos fuimos de España cuando tenía 11 años, en la época más importante de mi formación y consolidación emocional. De repente, me encontré en un país intelectual, cívico, que no me acogió en la escuela con mucho cariño. Como reacción a eso, yo me metí más aún a lo latino.
Empecé a estudiar la licenciatura en arte precolombino y al terminar la universidad, ya habiendo ahorrado la beca, decidí venir a ver todas las obras que había visto en los libros. Vine con la idea un poquito naïf de que México estaba lleno de bandidos de las películas que vi allá. Llegué a la Ciudad de México, me asusté muchísimo y me fui corriendo a Guadalajara, porque el director de escultura de la escuela donde estudié había estado ahí y me había platicado que era una ciudad colonial muy bonita. En Guadalajara conocí a mi esposa y me quedé veinte años.

Escultura clásica 
 
 

Beatriz Zamorano Navarro: ¿Se puede decir que usted se ha asimilado a nuestra cultura?

Paul Nevin: Hay todavía algunas cosas que no me dejan asimilarme por completo.

Beatríz Zamorano Navarro:¿Siente que hay futuro en Latinoamérica para el arte?

Paul Nevin: Creo que hay un gran futuro. Veo el cielo completamente despejado. En Europa sentía, en esas épocas de formación, el peso muy grande de su cultura, sentía muy poca libertad de creación. Aquí se me abrió todo, sentí una total libertad. Cada quien podía hacer lo que se le pegara la gana.

Beatriz Zamorano Navarro: Usted fue alumno de Henry Moore, aparte de esta influencia ¿qué otras considera que se pueden percibir en su obra?

Paul Nevin: Me fascina todo lo que es el arte primitivo. La enseñanza más formativa en mis años de estudiante en Londres fueron las visitas a los museos, en especial a uno que se llama Museum of Mankind (Museo del Hombre) sobre etnias vivas o desaparecidas. Vi que el arte no era una cosa presuntuosa sino cotidiana. Entre los objetos que tengo muy presentes está una vitrina donde había un palito recargado contra una esquina, tenía unas marcas. Leí la explicación en la cédula: el palito era el calendario de un jefe de una tribu de Nueva Guinea para decidir con qué esposa le tocaba acostarse esa semana para no tener confusiones.

 


Anillo de compromiso 
 
 

Ángel Suárez Sierra: Veo que usted tiene referencias antropológicas fuertes. ¿Tiene algún estudio en antropología?

Paul Nevin: Ninguno, es una pasión.

Ángel Suárez Sierra: ¿A qué se debe? ¿Busca referencias exóticas?

Paul Nevin: Tienen raíces artísticas no intelectuales.

Ángel Suárez Sierra: ¿Usted considera que si el arte se intelectualiza se vicia?

Paul Nevin: Sí. Tengo muchos cuadernos, cuando tengo una idea o una emoción la dibujo en ellos, no importa si son de hace diez o quince años. Hay muchas cosas dibujadas, son como gente en una sala de espera. Todos quieren ver al doctor pero lo ven cuando les toca su turno. Emocionalmente no hago ninguna escultura que no quiera ser hecha. La hago cuando a la pieza se le antoja, no cuando yo decido hacerla.

Ángel Suárez Sierra: Usted piensa que lo emocional deja salir esculturas más profundas y le gusta el arte primitivo, así que le ha de interesar qué de lo primitivo en la mente moderna puede salir a flote.

Paul Nevin: Sí. Lo moderno es muy superficial.

Ángel Suárez Sierra: La cultura nos pone frenos, nos limita, nos hace la mente cuadrada hasta cierto punto. Usted quiere algo más genuino.

Beatriz Zamorano Navarro: ¿De dónde obtiene estas motivaciones emocionales?

Paul Nevin: Es muy difícil decirlo. Vienen de todo, desde la moda en la ropa hasta la pintura. Generalmente no me dispara la escultura, me dispara más la pintura. Prefiero ver una exposición de pintura que una de escultura.

Ángel Suárez Sierra: ¿Está usted en una continua búsqueda de satisfacción?

Paul Nevin: Sí, es como un paliativo.

Ángel Suárez Sierra: Por lo que dice tuvo relación con la pintura. Cuéntenos de eso.

Paul Nevin: Los primeros contactos que tuve con el arte fueron a través de la pintura. Ésta tiene una manera de ganarle a la mayoría de la escultura, porque siendo más artificiosa, le es más fácil explayar la emotividad a través de la textura, el olor, lo sensual del óleo y juntarlo con la intelectualidad aparente, una cosa bidimensional. En la escultura es mucho mas difícil. No esta colgada de la pared, estás jugando con cosas reales, gravedad, sombras y luz. La reacción de una persona frente a este objeto es algo cotidiano. Es mucho más crítica con un medio mas artificioso. Intenté pintar y fue un fracaso tremendo.

Ángel Suárez Sierra: ¿Pero cuándo se asume de lleno como escultor?

Paul Nevin: Me metí en la escultura cuando otra de mis pasiones se realizó. Desde muy pequeño amo el metal, las cosas pesadas. Cuando tenía 12 ó 13 años mis papás me llevaron a una exposición masónica en París, vi una forja; allá lo masón tiene connotaciones de oficio, no políticas. Estaban cuatro o cinco masones forjando y dije: yo quiero esto. Intenté entrar y ser masón en fierro pero no pude. Después de seis o siete meses de llegar a Guadalajara conocí a un herrero, nos hicimos muy amigos y trabajé cinco años con él. Yo segueteaba, le ayudaba hasta que poco a poquito empecé y ahí fue cuando sentí que el metal era mi realidad.

 



Ángel Suárez Sierra: Le interesaba el metal como...

Paul Nevin: Como cosa y como posibilidad intelectual. Cuando trabajas en piedra la riegas y ya es mucho dinero el que pierdes; en metal puedes borrar, volver a hacer, desoldar, sin que nadie sepa.

Ángel Suárez Sierra: Pero también en el metal se tiene que echar mano de algunos cálculos.

Paul Nevin: Estas cosas lógicas, las medidas del material, te dan bienestar, me imagino que es como para un católico confesarse. Yo al decir "vengo por una placa de pulgada" me siento con los pies en la tierra.

Ángel Suárez Sierra: Decir escultor en metal suena genérico, ¿qué técnicas ha cultivado dentro del metal?

Paul Nevin: Antes de llegar al metal pasé por la madera, la arcilla y la piedra. Tengo un gran afecto todavía por la piedra. También trabajé el bronce, que me agrada en algunos escultores pero no en mí porque hay un proceso en el que no estoy involucrado, que es la fundición. Después hay otro proceso que me disgusta mucho, el de maquillaje, que se llama pátina. El metal yo lo dejo oxidar y es lo que es.
Ángel Suárez Sierra: ¿Me relata la creación de una pieza?

Paul Nevin: Decidiendo que emocionalmente quiere ser hecha, me siento bien y digo: voy a hacer esto. Compro el material, empiezo a dibujar, a cortar. Esta escultura que estoy haciendo ahora se llama Lieu de résidence permanente (Lugar de residencia permanente) es una etiqueta clínica, el término que usan los doctores, el lugar donde la gente loca decide habitar, encuentra su cordura.

Ángel Suárez Sierra: En relación a algunos aspectos de la mente no preconciente, ¿qué lecturas o estudios ha tenido relacionados con la psique?

Paul Nevin: Hay dos libros que me marcaron muy fuertemente de chico, Á la recherche du temps perdu (A la búsqueda del tiempo perdido) de Marcel Prous, y el otro fue Confesiones de un caminante solitario de Jean Jacques Rousseau. Acabo de terminar de leer la obra completa de Bruce Chatwin, en especial The SongLines. Chatwin dice, usando el ejemplo de los aborígenes de Australia, que el hombre es más feliz y coherente consigo mismo siendo nómada. La teoría es que el hombre sedentario tiene problemas psicológicos y emocionales que el otro no tiene: teme la pérdida de su identidad.

 

 

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