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12 escultores finimilenaristas en México

Entrevista


Antonio Nava
 
 
Dulce María de Alvarado: ¿Qué importancia tiene a fin de milenio la escultura en el mundo y particularmente en México con relación a tu trabajo? porque veo que manejas elementos típicos de nuestra cultura y lo lúdico también.

Antonio Nava: En el transcurso de mi trayectoria escultórica empecé a hacer cosas normales, retratos y lo que se enseña en la academia, pero uno va viendo el mundo de otra manera, va cambiando, todo va cambiando y siempre hay movimiento. Trato de meter movimiento en las esculturas que hago. Todos nos movemos, estamos siempre buscando, intentando hacer algo nuevo con eso del fin de milenio, y creo que es una fecha muy importante para todo mundo.

Dulce María de Alvarado: ¿Crees que nos afecta ese cambio de fechas?

Antonio Nava: Sí. Cada día que viene es importante porque si decimos que da igual entonces de qué sirve estar haciendo escultura o cualquier otro oficio. Cada día que sale el sol para mí es importantísimo. Siempre veo redondo, entonces me relaciono con la escultura, con el sol, con la luna, con el espacio, con el equilibrio que se debe tener. Veo que estamos en un mundo desequilibrado, guerras por aquí, guerras por acá. Trato de mantener el equilibrio con el agua, con ese juego de elementos críticos.

Dulce María de Alvarado: Lo paradójico es que la piedra sea algo que pareciera inmóvil y tú introduces el elemento de movilidad, que es el agua o las esferas.¿Estás trabajando piezas que interactúan con el público?
 
Antonio Nava: Estoy haciendo tres esculturas nuevas, para que los niños jueguen, sientan, no el viejo truco de que los regañen porque tocan las obras. No nada mas los niños, sino que la gente invidente pueda tocarlas. Que todos participen, que vean el movimiento de esferas y que se sientan en el cosmos sin estar arriba. Aquí estamos moviendo también el sol y la luna, los elementos. La piedra que yo manejo es la obsidiana, que representa mucho a nuestra cultura. Muy simbólica para México, sobre todo el prehispánico. Ahora se hace artesanalmente pero ya no tiene la misma religiosidad de antes. Tengo un ochenta por ciento de sangre indígena, la siento y por eso hago esto. Los artistas mexicanos están muy conectados con el cosmos, si en él no se moviera un astro pues todo se descoordinaría.

Dulce María de Alvarado: ¿Eso requiere estudios de ingeniería y cálculo?

Antonio Nava: Yo creo que no. Es una cosa muy natural. Al caer el agua me acuerdo de las goteras de mi casa cuando era chico. Todo eso lo trae uno de la infancia, de vivencias, y si no vive uno, pues no se cree en nada.


Dulce María de Alvarado: ¿Partes mucho de esas vivencias de la infancia?

Antonio Nava: Mucha gente dice que la infancia ya se olvidó y ahora hay cosas nuevas. No. Yo siento que recuerdo muchas cosas de esa etapa. Algunos escultores andan balbuceando, haciendo cosas que en realidad están fuera de su contexto y de su validez escultórica, es hasta una agresión visual.

Dulce María de Alvarado: De los escultores, de los maestros de la antigüedad o del siglo XX ¿quién te influyó o quién te gusta?

Antonio Nava: Pues hay varios. Está Pedro Cervantes, a pesar de que trabaja metal, no piedra. Cuando yo era estudiante me gustaban mucho las defensas que doblaba, que soldaba, que todavía solda. Anteriores, el maestro Asúnsolo, Ortíz Monasterio, que tenía esa manera de trabajar bloque cerrado, piedras. Ellos me dieron visión para entender más a la escultura, han dejado una escuela que a veces está olvidada. Hay que retomar sus formas, observar bien la escultura también en el arte prehispánico. Ahora, dentro de los abuelos no sé quién hizo la Coatlicue, pero ese es el escultor que más me ha fascinado. Ya moderno, veo que hay un artista que es arquitecto y que es muy bueno como escultor, Agustín Hernández. Hay arquitectos que quieren hacer escultura y ahí chafean, o un escultor que quiere hacer arquitectura también chafea. Son pocos los que hacen las dos cosas.


Dulce María de Alvarado: ¿Cómo reciben por ejemplo en Australia tu obra, qué te dicen?

Antonio Nava: Al tener noticia de que va un mexicano ya saben que es un escultor, lo respetan mucho. Piensan en pirámides, siempre en escultura lítica. Allá trabajé en el desierto, sin herramienta eléctrica, pura mano. Bueno, yo estoy acostumbrado, no tengo ningún martillo neumático, siempre trabajo a mano las canteras. Es muy difícil que los escultores tengan esas herramientas. Solamente en los lugares de investigación puedes tener acceso a un rayo láser. Pero todavía no llego a ese punto. He visto documentales donde el rayo láser barrena el acero, es bellísimo cómo barrena una roca. Ahora, el agua simplemente también es un taladro. La fuerza del agua es muy fuerte.
Dulce María de Alvarado: ¿Qué producción manejas al año más o menos, cuántas piezas, cuántos proyectos concretas?

Antonio Nava: Pocas en realidad. Mi trabajo es ser un pata de perro. En Puebla colindando con Veracruz hay una piedra, colindando con Guerrero es otra, colindando con Oaxaca otra más; entonces el radio es Puebla y Oaxaca. Siempre anda uno buscando piedras.

 

 

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