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Arte en México

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12 escultores finimilenaristas en México

Entrevista



Manuel Centeno Bañuelos: Tus herencias grecolatinas ¿son identificatorias con el sentir de este entorno, en el que te desarrollas desde hace 21 años?

Marina Láscaris: Cuando llegué aquí todavía era muy griega, más que griega, muy europea. A pesar de eso a los 15 días de haber llegado a México me sentí como pez en el agua, pero había ciertas cosas que me costaba mucho entender, sobre todo en el arte. Iba al Museo de Antropología, obviamente no sabía nada, pero tampoco entendía ni sentía lo que había allí. La verdad me parecía bastante feo, muy brutal, violento, daba miedo. Cuando se es de raíces griegas se tiene una idea de la estética muy diferente. Ahora, cuando voy lo hago con mucho gusto, me encanta. Me volví escultora, porque cuando llegué a México hacía retratos, era pintora y el arte mexicano prehispánico es principalmente escultórico, un lenguaje que aprendí desde que llegué. Ahora me encantan todas esas cosas, pero tardé mucho para entenderlo porque tuve que romper todos mis esquemas estéticos. Eso también se siente mucho en mi obra, como que va y viene entre lo griego y lo mexicano por rachas.

Manuel Centeno Bañuelos: ¿Cómo podemos entender lo griego en tu obra?

Marina Láscaris: Pues en cierto ritmo, en cierta tibieza, en cierto equilibrio que tiene el arte griego.

Manuel Centeno Bañuelos: ¿El pensamiento griego filosófico?

 


Piedra volcánica, 2001
 
 
Marina Láscaris: Bueno, he hecho obra sobre la obra de Platón, está presente, pero no es algo que sea muy profundo en mí. Es más profunda la estética, la plástica griega que la literatura.

Manuel Centeno Bañuelos: De los escultores mexicanos que empezaste a ver en México ¿de qué influencias crees haber abrevado?

Marina Láscaris: La escultura me parecía más crítica, la pintura me parecía un arte más fácil de entender. Pero al principio los escultores mexicanos me costaban mucho trabajo, esos volúmenes gigantescos, todo en México es gigantesco, igual que el paisaje, la arquitectura, todo, todo es grande. Entonces me intimidaba un poco.

Manuel Centeno Bañuelos: ¿Tu formación como escultora se hizo en México?

Marina Láscaris: Definitivamente, porque yo antes de llegar a México nunca había esculpido. Es un lenguaje que me va mucho mejor porque yo dibujo muy bien pero no pinto muy bien, no soy buena para los colores. Llegué a México y no me gustaba lo que pintaba y empecé con la escultura y ahí me quedé. Trabajé un poquito en el taller de Luis López Loza, cuando vivía en el D.F. todavía, y he visitado muchos talleres. Soy amiga de Jorge Yázpik, conozco a los Castro Leñero, pero no he trabajado mucho con ellos porque soy una artista muy solitaria, nos pasamos herramientas y cosas de esas, pero siempre trabajo sola, no tengo ni ayudante. Puedo pasarme días y días puliendo y trabajando, pero no me gusta pedir ayuda.


Manuel Centeno Bañuelos: ¿En qué momento se originaría el proceso de la producción de una pieza?

Marina Láscaris: Eso depende mucho de si estoy tallando o moldeando. Si estoy moldeando, parto de dibujos. Cuando estoy tallando madera -sobre todo utilizo una muy dura- dejo que me inspire, y le hago lo menos posible, la respeto muchísimo.

Manuel Centeno Bañuelos: ¿Trabajas por series, por temas?

Marina Láscaris: Generalmente por series. A veces como que trabajo de manera un poco inconsciente, no sé muy bien cuál es el tema que estoy trabajando. En mi última exposición estuve haciendo cosas raras, que no entendía muy bien y de repente me di cuenta que estaba trabajando sobre la magia de los celtas, pero lo comprendí como a media exposición. A partir de ahí me fui a trabajar más concientemente sobre el tema. Generalmente, cuando comienzo una serie no sé muy bien a dónde voy y de repente ya se.

Manuel Centeno Bañuelos: ¿Eso quiere decir que citas tus piezas?

Marina Láscaris: Muchísimo, muchísimo. Porque soy una persona que se le meten las cosas muy lento.


Manuel Centeno Bañuelos: ¿Crees en la inspiración?

Marina Láscaris: Ah, sí. Es el motor. No es una cosa que baja como un ángel en el momento en que te sientas en el escritorio y te inspira. Viene a fuerza de trabajar. Lo que hace venir la inspiración es trabajar. Entonces, aunque uno no tenga inspiración hay que trabajar, a pesar de que no salgan cosas buenas.

Manuel Centeno Bañuelos: ¿Estas ideas estarían relacionadas con alguna especie de religiosidad o de sentimientos filosóficos?

Marina Láscaris: Sí. Toda mi obra ahora trata de regresar un poco a lo que es el hombre desnudo, en el sentido de que siento que ha habido tanta corrupción -no estoy hablando de corrupción política, ni económica- en el alma misma de la gente, falta de principios, falta de todo. Pienso que habría que retornar a las religiones primitivas como, por ejemplo, la de los celtas, que era una religión de la naturaleza. Adoraban una piedra, un árbol, un pájaro, o algo muy natural y básico. Creo que si el hombre regresara lo más posible principio podría arrancar sobre un camino mejor. ¿Cuál el principio básico de un hombre? Son los huesos, una columna vertebral es lo que detiene al cuerpo humano. Regresar a lo básico, tanto en el pensamiento como en lo físico.
Manuel Centeno Bañuelos: Todo este universo de la tecnología ultramoderna contemporánea ¿guarda alguna relación con tu obra o le es ajena? Por ejemplo, la computadora o el Internet.

Marina Láscaris: No puede ser uno ajeno a eso porque es parte de nuestra vida. Para mi no es muy importante. Tengo una computadora que uso como máquina de escribir y punto. No me he metido al Internet. No pienso hacer mis dibujos por computadora. Además pienso que vamos más y más de regreso a todo lo que es manual. Todo lo que es natural va a tener un gran significado. Yo creo que en el tercer milenio todas las cosas van a tener muchísimo más valor.

 

 

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