Sitios

Arte en México

compartir en facebook  compartir en twitter

12 escultores finimilenaristas en México

Entrevista

Manuel Centeno Bañuelos: Antes de ingresar a La Esmeralda ¿ya tenías inquietudes?

Miguel Ángel González: Sí, siempre quise estudiar escultura. De niño hacía cosas y entré a La Esmeralda muy tarde. Si hubiera sabido que en esa época después de la secundaria se podía ingresar... Estudié prepa, después me enteré de que existía la escuela, fui a pedir informes y ya había principiado el curso. Entonces me regresé a la Unidad Cuauhtémoc en Naucalpan donde daban clases de escultura, dibujo y pintura. Tuve la suerte de ser alumno del maestro Juan Cruz. Estuve con el un año y me enseñó algunas cosas de modelado. Después entré a La Esmeralda, donde empecé la carrera definido como escultor. Al paso del tiempo me voy dando cuenta de que ni siquiera tengo el concepto de pintor. Las cosas que pintaba o pinto son coloreadas. Modelaba cosas en barro, figuras, hacía vacíos en yeso. En cinco años en La Esmeralda aprendí todo lo que había que aprender. Desde el segundo año me metí al taller de talla en piedra. Después realicé algunas cosas de bronce. Tuve tres etapas en mi trabajo. Recién egresado hice una exposición influida por el arte prehispánico, el tema fue las estelas mayas. Un concepto abstracto, pero desglosando los miembros hacía un objeto tridimensional. Esta fue una etapa muy mexicana. Luego estuve trabajando esculturas de altares, ofrendas. En el MAM hay una de bronce, más o menos de esa época*; el mismo trabajo se empezó a repetir y me cuestioné. Comencé a trabajar con esta idea del ensamblaje como por los 90. Me dije: esto puede dar mucho más, ya que cualquier cosa la puedo hacer.

Manuel Centeno Bañuelos: ¿Se puede pensar que reciclas todo lo que ves?

Miguel Ángel González: Sí. Es una manera de hacer inútil un objeto práctico. La única utilidad seria estética. El reciclado sería la manera de ver las cosas porque yo no tomo un objeto y lo ensamblo. No. Yo lo hago todo. Esto que me encontré por ahí, que podría parecer un teléfono, curiosamente es el material que se usaba en el taller de mi padre. Son regresiones. El material es casero, se puede fundir en el taller. Le puedo hacer algo que me guste más como, por ejemplo, los tonos de fierro. En cambio, si mando fundir una pieza aparte de que me sale caro se va mucho tiempo. Hago mis moldes en yeso y los meto a la estufa y los seco, tan pronto estén secos los reciclo. Así me ahorro mucho tiempo, dinero y sale lo que quiero.

Manuel Centeno Bañuelos: ¿Crees que ha sufrido cambios el concepto de escultura?

Miguel Ángel González: Me imagino que sí. Tan es así que en mi trabajo el concepto tradicional de punto redondo ha derivado en objetos tridimensionales. Ha evolucionado a partir de las necesidades de expresión. Si no hacías que las cosas se vieran de todos lados, con el concepto de volumen y de masa, te limitabas. Ahora es un poco más libre. Haces lo que quieres. Si resulta una escultura con los conceptos tradicionales, qué bueno y si no de todos modos sigue siendo escultura u objeto tridimensional.

Manuel Centeno Bañuelos: Parece que juegas con la forma órganica y a veces con la forma geométrica ¿qué relaciones guardan?

Miguel Ángel González: A lo mejor lo hago con la forma geométrica como estructura pero sin proponérmelo. Cuando realizo una idea voy pegando cosas. Voy ensamblando hasta que digo: esto ya quedó bien.

Dulce María de Alvarado: Haces las dos cosas, desbastar y agregar.

Miguel Ángel González: Sí, en realidad hay un concepto muy poco plástico porque en cierta manera yo estoy haciendo lo mismo que hace un escultor: buscar la forma, romper la piedra, desbastarla, pulirla, y luego realizo el trabajo de modelado, fundición y ensamblado. Es un conjunto de cosas que debo hacer por la necesidad de lo que quiero decir, no por el hecho de estar conservando técnicas y conceptos.

Manuel Centeno Bañuelos: ¿Hay escultores de los que has abrevado?

Miguel Ángel González: Lo clásico que uno ve como escultor, que todo mundo tiene que ver como obligación de estudiante, pero ninguno me ha llenado tanto a excepción de uno, Wilhelm Nebrusch, escultor alemán. Un artista va a Grecia y entiende muy bien el concepto clásico de la forma. Este individuo regresa a su taller y la plasma de una manera increíble. Es igual que con el maestro Ortiz Monasterio, me gusta mucho su etapa en que hizo esculturas en las que captó la esencia griega. ¡Qué capacidad de aprendizaje y de síntesis de las formas! Esto me ha enseñado mucho.

Manuel Centeno Bañuelos: ¿Te percibes como escultor urbano?

Miguel Ángel González: Sí, me considero urbano. No me gustaría vivir en otro lugar más que en el D.F. La ciudad y todos sus peligros, la contaminación, me nutren. Ver la calle, las fachadas, todo me sirve para hacer mis proyectos. Este ambiente peligroso me hace sentir muy en la ciudad. El taller está cerrado para que no se metan los teporochos. Aquí después de las ocho ya no quiero saber qué pasa. Hay las ganas de hacer obra urbana monumental. Nunca he tenido esa oportunidad. A lo mejor mi trabajo es más íntimo, quizá no se preste para ello. Habrá que hacer un proyecto. Pero yo nunca me imagino una de las piezas que estoy haciendo como algo grandote. Las esculturas de grandes dimensiones no me atraen tanto. Me gustaría más un espacio donde hubiera tránsito de personas, pero que la escultura que hiciera no fuera tan animalota. Aquí parece que si es grandote es grandioso. Puede uno hacer piezas de tamaño pequeño donde la gente se sienta en un espacio íntimo, no eso que te aplasta, se me hace muy difícil

Dulce María de Alvarado: Estos ensamblajes aparentan ser movibles.

b>Miguel Ángel González: Alguna vez comenté que mi trabajo era una especie de nostalgia por lo mecánico, en el sentido de que desde la Revolución Industrial, aún cuando se hicieran objetos de producción en serie, todavía intervenía la mano del hombre. Ahora ya es diferente, una computadora es hecha por otra computadora, ya poco interviene la mano del hombre. Ese tipo de nostalgia es la que me motiva para trabajar. Qué espléndido poder hacer todavía cosas, aunque utilizas herramientas usas la mano. El diseño era muy diferente, más cercano a uno, más humano. Una vez llegó a mis manos un libro de 1890 y tantos, un catálogo con todo lo que se te pueda imaginar. Eso te prende. Ves que todavía la mano está presente. Tan es así que yo lo hago todo, me gusta hacerlo. No me sentiría a gusto ensamblando cosas ya hechas. Sigo trabajando con conceptos muy tradicionales, tallo, pulo, brillo, modelo.

Manuel Centeno Bañuelos: ¿Qué tanto te angustia o despreocupa la realización de una pieza efímera?

Miguel Ángel González: Me preocupa. No me gustaría mucho hacer escultura efímera, por el tiempo que se lleva. No tanto por la idea de trascender sino por el tiempo que se está invirtiendo para algo que va a ser fugaz. Para mí sería mucho riesgo. Lleva una gran cantidad de material, de técnica; vale la pena la idea, pero dedicarme a eso de una manera constante sería muy difícil. 
Dulce María de Alvarado: Pero también le sacas jugo a la nobleza del material.

Miguel Ángel González: Eso me gusta hacerlo, respetando el material pero a sabiendas de que lo puedo aprovechar. Quizá la manera contraria de hacer las cosas sería la exposición de Yázpik*. Es fabulosa, una manera de respetar el material por sí solo, pero aun así se ve un dominio total. Me gustó mucho el montaje. Yo no caigo en eso de respetar el material, de dejarlo como está. No es mi idea de productor. El material se usa con el fin de hacer la escultura con estas cualidades, con estas calidades.

Manuel Centeno Bañuelos: Hablas de producción. ¿Qué tan productor eres, que tan creador eres?

Miguel Ángel González: Productor en el sentido de que hay tantas ideas que sacar. No me considero un creador. Yo tengo una idea de creador contraria a la de la postmodernidad. Para ésta creativo es el que de la nada saca algo. Yo no yo estoy to mando lo que ya existe. En ese sentido no me considero un creador, me considero un recreador. Todo está hecho.

Manuel Centeno Bañuelos: ¿Tu autocrítica qué tal anda?

Miguel Ángel González: A veces es muy feroz, en cierta manera no me doy muchas libertades, termino una pieza y pienso que pudo quedar mejor y que la siguiente tiene que quedar mejor. Es un poco frustrante no sentirse cien por ciento satisfecho.

*Se refiere a la exposición Jorge Yazpik. Escultura, que se realizó en el Museo de Arte Moderno del 4 de diciembre de 1997 al 1 de marzo de 1998 (nota del editor).

 

 

Redes sociales