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Arte en México

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Carlos Villanueva

Fraguando un estilo



Desde hace algunos años, Carlos Villanueva (Ciudad de México, 1963) ha trabajado en torno del cuerpo como paso natural de las investigaciones plásticas que anteriormente venía realizando acerca de la realidad nacional y de nuestra historia.


Entonces, comenzó a reciclar objetos y materiales que testimoniaban el pasado y presente de la cultura mexicana, al tiempo que eran el soporte de una figuración propia. Así, con estilo metalingüístico, produjo piezas en técnicas mixtas donde interpelaba símbolos, mitos y pasajes de la historia de México, aludiendo con ello a la pérdida de las utopías, de la memoria colectiva y al empobrecimiento del territorio y de la vida nacional. Exposiciones como La sangre devota, Museo de la Ciudad de México, 1989; Variaciones al tema de la patria, Galería Etnia, 1991;Agua quemada, Estación Zócalo del Metro, 1992 y Malpaís, Museo Universitario del Chopo, 1993 dieron cuenta de la producción de este período.


Otra referencia que surgió en el proceso de revisión del ser mexicano, fue la religión, a través de citas de la iconografía católica y de algunos elementos del culto popular como es el caso de los milagros. Con el tiempo, el tema fue ganando terreno hasta abrir una nueva vertiente para el trabajo con telas, bordados, aplicaciones e intervenciones pictóricas. Ejemplo de ello es la serie de escapularios con personajes silveteados en actitud de oración o en posición de ascensión o caída. Aunque de forma no explícita, Carlos Villanueva continuaba con el tema de la identidad pero ahora referida a una zona cada vez más personal. Los escapularios, de acuerdo al uso que les otorgan los practicantes de un culto específico, sirven para identificarse y ser identificado como miembro de una cofradía, devoto de un santo o creyente de un dogma.

 

 

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