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Arte en México

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Historia mínima del arte mexicano en el siglo XX

Capítulo V

De 1939 a 1942 llegaron a México varios intelectuales y artistas europeos, tránsfugas de la Segunda Guerra Mundial y de la Guerra Civil Española. Entre ellos están tres pintoras: Remedios Varo, nacida en España, Leonora Carrington en Inglaterra y Alice Rahon en Francia. Desarrollaron trayectorias independientes, sin buscar glorias, reconocimientos y ni siquiera un buen mercado para sus trabajos. Sin embrago las dos primeras llegaron a ser muy famosas. Remedios Varo sigue atrayendo enormes cantidades de público de todos los estratos sociales, cosa que ha podido reafirmarse durante la gran exposición retrospectiva presentada en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México el primer semestre 1994. Varo y Carrington formaron un binomio, fueron amigas cercanas que compartieron ideas y modos de hacer, cosa natural, puesto que ambas convivieron en los círculos iniciales del Surrealismo europeo en tierras mexicanas. Ninguna de las dos pudo hacer migas con su colega Frida Kahlo, posiblemente porque no comulgaba con la perenne herida abierta patente en la obra de esta última, o bien porque el círculo de la mexicana (que contra lo que se ha dicho hasta el cansancio, fue muy reconocida en vida y no sólo por ser esposa de Diego Rivera) era totalmente opuesto a la disposición callada e íntima que las otras pintoras deseaban mantener. Posiblemente Frida, con su indudable genio, sus extraordinarios atuendos regionales y su actitud valiente y desprejuiciada las intimidaba. Se decía todavía a los inicios de la década de los cincuenta que ella y Diego eran algo así como el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl, los volcanes tutelares del Valle de México. Ocupaban las planas de todos los periódicos y no había acción pública en la que no estuvieran presentes. Eso hacía que otros artistas, sobre todo los extranjeros, se sintieran excluidos de los grupos nacionalistas que se encontraban en las cúpulas culturales, cuantimás que en México no puede hablarse de arte, sin hablar también de políticas culturales, o de política a secas.


Frida Kahlo



Lo cierto es que todavía a fines de los años cuarenta y principios de los cincuenta, el nacionalismo triunfante marcaba pauta y existía cierto rechazo, si no de facto sí psicológico y social hacia todo lo que tuviera aroma extranjero. Pintores de otras nacionalidades en México había varios. El muralista Pablo O'Higgins originario de Salt Lake City y el parisino Jean Charlot son ejemplos prototípicos, pero se encontraban totalmente asimilados al brote muralista y a sus secuelas, eran más mexicanistas y conocedores del país que muchos mexicanos y fueron grandes impulsores del movimientos de la producción gráfica, que desarrollan un ciclo paralelo al de la pintura, si se quiere aún más radical en cuanto a la transmisión de contenidos sociales y nacionales.


Teresa del Conde y Enrique Franco Calvo

 

 

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