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Arte en México

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Historia mínima del arte mexicano en el siglo XX

Capítulo VIII

En 1938 André Bretón, realizó una visita a México con la esperanza de aliarse con Trotsky y Diego Rivera para continuar con la idea de vincular el Surrealismo, del que era líder, a la Revolución. Esto no sucedió (aunque se reunieron los tres en Pátzcuaro en el Estado de Michoacán y redactaron un "manifiesto"). Bretón encontró que México era el país surrealista por excelencia, lo cual, dicho sea de paso, no fue un descubrimiento muy notable si tenemos en cuenta que las aptitudes "paranormales" o fantasiosas de los artistas y artesanos mexicanos forman parte de una tradición milenaria. De hecho la capacidad de iluminar con destellos sesgados, aspectos escondidos o no tan evidentes de la realidad cotidiana es una tendencia constante en este país. Está relacionada con la perpetua vida de la muerte, con las creencias religiosas, y el politeísmo de un pueblo que desarrolló sincronía natural con el Santoral Católico. Dada la rica variedad de atributos propia del complicado panteón prehispánico, fue lógico que los santos cristianos se tomaran como dioses menores. Por cierto, la tendencia ha revivido hoy día, pero de una manera consciente, incorporada al arsenal "posmoderno". Un buen número de artistas jóvenes amalgaman elementos religiosos y rituales a sus producciones, ya sea que los subviertan con objeto de transmitir determinado tipo de mensajes, o que simplemente los traigan a colación, interpretándolos a su modo, frecuentemente con ironía. Claro que también existió influencia directa del Surrealismo y del arte fantástico, absorbida en mayor medida a través de poetas, ensayistas y narradores mexicanos afectos al movimiento bretoniano, que a través de los artistas del Surrealismo ortodoxo europeo. La persecución de lo fantástico y aún de lo irracional, como reducto que es de un romanticismo teñido de excentricidad, se avino como anillo al dedo a nuestras mentalidades mexicanas. Frida Kahlo fue en muchos aspectos el prototipo de Bretón. Pero ya antes de que él la comparase a una bomba atada con un listón, Antonin Artaud había parado mientes en la obra de María Izquierdo y a ellas pudieron haberse sumado muchos otros pintores, que ni Artaud ni Bretón conocieron, como Manuel González Serrano, por ejemplo. Varios otros: Enrique Guzmán, Nahum B. Zenil, Julio Galán y Rocío Maldonado, por citar presencias contemporáneas bien conspicuas, practicaron o practican la "sobrerrealidad" recurriendo a sus propias raíces mexicanas. Examinan las contradicciones implícitas en el término mexicanidad "bajo el microscopio escéptico de nuestros días", según anotó Edward J.


María Izquierdo

Sullivan en 1990 a propósito de una muestra por él seleccionada y presentada en The American Society de Nueva York. Cosa parecida sucede con la mayoría de los hacedores de Arte objeto y con algunos de los "instalacionistas" actuales.

Probablemente el surrealista europeo que mayor eco ha encontrado entre artistas cuyas trayectorias se inician a principios de los años sesenta, sin acudir a la idea de la mexicanidad, sea René Magritte. Hay ecos de él en artistas como Alfredo Castañeda y Xavier Esqueda. El juchiteco Francisco Toledo configura un caso aparte. Desde sus primeras exposiciones individuales de 1959, -en México y los Estados Unidos- atrajo hacia sí la atención de todos los especialistas que conocieron su obra: mexicanos y extranjeros. Su manejo perfeccionista de los oficios que practica (pintura, dibujo, ensamblado, cerámica, gráfica), su regionalismo que alcanza dimensiones universales y la genial combinación de elementos eróticos y legendarios de su peculiar universo a un manejo formal estrictamente contemporáneo, lo definen como el representante por antonomasia de los realismos mágicos. Ha pasado largas temporadas viviendo en París y Nueva York. Actualmente radica en Oaxaca donde contra su voluntad ha creado escuela porque tiene un sin número de seguidores que son bien aceptados por los públicos de arte y por los coleccionistas.


La mesa roja, 1978. gouache 77 x 53 cm. col. particular

Entre los oaxaqueños, quien principalmente destaca como artista original, capaz de transgredir el universo toledesco, es Sergio Hernández.

Teresa del Conde y Enrique Franco Calvo

 

 

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