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Literatura en México

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Cinco Décadas de Cuento Mexicano. Antología. Perea, Pitman, Taylor, Tedeschi, Valenzuela

Miguel G. Rodríguez Lozano La cuentística de Eduardo Antonio Parra

Eduardo Antonio Parra (León, Guanajuato, 1965) forma parte de la más reciente generación de cuentistas en México. Sus dos libros aparecidos en la segunda mitad del siglo pasado, Los límites de la noche (1996) yTierra de nadie (1999), más el cuento ¿Nadie los vio salir¿, publicado en 2001, y con el cual obtuvo el primer premio del Concurso Internacional de Cuentos Juan Rulfo (2000), en París, lo colocaron de inmediato entre los autores que daban realce a la literatura mexicana y que continuaban, en el caso del cuento, con una tradición ejemplar en relación con la forma, los temas y el contenido. La lectura de su obra lleva a distinguir características que advierten la lejanía que el autor mantiene con otros escritores de la misma edad (Pablo Soler Frost, por ejemplo). La selección del norte de México como área ficcional (una presencia inmediata o aludida) proyecta la obra de Parra hacia situaciones que recrean las sensibilidades humanas de los habitantes de las ciudades y el campo del norte, de la zona fronteriza y de Monterrey, ciudad en la que Parra radicó muchos años y referencia constante en sus cuentos.

Las historias de este autor se contraponen a una visión idealista u homogénea de los lugares de la frontera. La venganza, el sexo, la violencia, la muerte, el amor y el desamor, el desgano, la abulia, el odio, lo grotesco, conforman las sensaciones de los diferentes estratos sociales, pero con una carga hacia lo marginal, que radicaliza la percepción ficticia creada. En mucho, no puede uno dejar de reconocer los marcos de referencia como José Revueltas o Juan Rulfo, por los ambientes en los que se desenvuelven los personajes. Por el tono y la sensibilidad mostrados en varias de las escenas, es una literatura que mueve a la reflexión, al disgusto, al goce, a la rebeldía. El rasgo social se encuentra en toda la producción de Parra, subyace de modo inmanente en cada uno de los cuentos. El autor nos sumerge en el mundo cotidiano de las clases económicamente más desprotegidas, ya sea en la ciudad o en el campo. Esa cualidad en la que lo social es preponderante en el contenido de las historias hace que la cuentística de Parra se vuelva, hasta cierto punto, beligerante, al mostrar esas zonas con sus habitantes que llevan al desconcierto. Los antros de Monterrey o Ciudad Juárez, los pueblos olvidados del norte, los vagabundos, los campesinos, los homosexuales, los travestis, las prostitutas, la colectividad rural, forman parte del universo ficcional.

El autor entonces arma sus historias sin miramientos, con un ánimo desestabilizador que es visible desde el primer libro, que lo lleva a un punto extremo en el segundo y que lo sintetiza de manera ejemplar en ¿Nadie los vio salir¿; en todos, la experiencia de lectura es apabullante por el cuidado que se pone en la descripción. El lenguaje, el uso de los narradores, la interiorización de los diferentes personajes, entre otros aspectos, estabilizan la relación de lo social con lo literario. Ese equilibrio lo advierte el lector en toda la obra de Parra, en el orden en que están construidos los cuentos. Existe una intención por despertar en el lector la curiosidad, mantenerlo en un efecto de estatización constante, atento al curso de las acciones y guiarlo de sorpresa en sorpresa. Gran parte de los cuentos presenta una redondez conceptual que atrapa inevitablemente al lector desde las primeras líneas y lo mantiene así hasta el final. El cuidado con el que el autor abre cada historia se hace efectivo en todos los cuentos; va hacia lo particular, la visualización de los detalles y con ello provoca una ineludible inquietud en el lector. A lo largo de las historias se crean indicios que agilizan la lectura y que logran poner en jaque la experiencia estética. El autor lo hace de tal manera, que las expectativas logradas son rotas al último, cuando las historias dan un giro para provocar un final que desconcierte y que rompa con la percepción que el lector se ha creado. De este modo, Parra no evita la exposición introductoria, ni cierto dramatismo, ni la unidad de efecto final que lleva al desenlace inesperado las más de las veces. Hay una actitud estética-formal asumida que se vuelve más hacia los márgenes del cuento clásico. Sin duda, esto se agudiza en la recreación de los espacios cerrados en los que se desarrolla la mayoría de las historias. No existen opciones; la sensación de encierro nos inmoviliza para mirar lo descrito: ¿No se dejó confundir por la cumbia histérica que reventaba las bocinas, ni por la suciedad filtrada en las luces de colores; tampoco por los obreros en brama que alzaban sus tecates hacia la pista, donde una mulata gigante blandía los senos en abierto desafío a las miradas de lujuria. El peso de la atmósfera se colaba en remolinos por su nariz. A cerveza era el aroma dominante, luego tabaco, más allá humor de cuerpos sudados¿ (¿El cazador¿, Tierra de nadie, p. 103).

A eso debe agregarse, por momentos, la sensación cinematográfica que hace que el movimiento de los personajes y los objetos en las escenas descritas cumplan un cometido de íntima relación entre texto y lector. Los cuentos de Parra son altamente visuales, perceptibles; el lector es casi un espectro que está ahí participando de esa articulación discursiva de la que no puede escapar. Así, los personajes irrumpen como entes atrapados en el cosmos que habitan: hombres, mujeres, niños, travestis, ante la nada de los espacios del norte que se dan sin opciones. Son personajes que mueven a la compasión, al rechazo, a la admiración. En ese sentido es que la literatura de Parra provee todo el tono comprometido con el mundo ficcionado. En fin, sus historias se adentran más que nada hacia el universo de los desarraigados, hacia quienes mejor representan la desmitificación del norte de México, y quizás puedan dejar una huella que es difícil que el lector borre.

Bibliografía

Parra, Eduardo Antonio. Los límites de la noche. México: Era, 1996.

-----. Nadie los vio salir. México: Era, 2001.

-----. Tierra de nadie. México: Era, 1999.

 

 

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