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Literatura en México

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Cinco Décadas de Cuento Mexicano. Antología. Perea, Pitman, Taylor, Tedeschi, Valenzuela

Tantos años soñando la misma pesadilla.

Esa loca saliendo detrás de un árbol y disparando a quemarropa contra Cecilia. Yo me quedo parado como idiota junto al cadáver de mi esposa, como si esperara que alguien me dijera que todo había sido una broma pesada, una actuación para un programa de cámara escondida.

Y ahora me llaman de la jefatura para identificar a alguien que tiene un increíble parecido al bosquejo de la asesina. Chavez me acompaña al cuarto de interrogación y entonces veo, del otro lado del espejo-ventana, a esa mujer de cabello largo, erizado, con cara de mosquita muerta.

Le miento a Chavez. Le digo que definitivamente esa mujer no fue la que mató a Cecilia. Reprimo todo el odio, las ganas de estrangulara ahí mismo en la jefatura. Hay que tener paciencia.

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Sin levantar sospechas, consigo la dirección de esa tal María Consuelo. La siguiente mañana, temprano, toco el timbre de su casa y meto un sobre por debajo de la puerta. Es el recorte de periódico que habla del asesinato.

Esa noche regreso a casa de la asesina. Encuentro la puerta sin seguro y entro sin hacer ruido. Subo las escaleras en la oscuridad y busco su recámara. Me paro frente a su cama y observo a María Consuelo por unos segundos. Luego meto las manos por debajo de su camisón de dormir y le saco lentamente los calzones. Chelo no grita ni trata de escapar, como si aceptara su castigo, como yo lo acepto ahora que ella saca debajo de la almohada esa pistola. Las chispas de la descarga me permiten ver el rostro de la mujer de mis pesadillas convirtiéndose en un lindo sueño eterno.

 

 

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