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Literatura en México

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Cinco Décadas de Cuento Mexicano. Antología. Perea, Pitman, Taylor, Tedeschi, Valenzuela

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Hoja de periódico llena de tragedias. La explosión del vuelo #1301, los cadáveres encontrados flotando en una alberca y, claro, del otro lado de la primera plana, la nota sobre el asesinato de la esposa del detective Morientes: una mujer le había metido cinco balas en el corazón. La sospechosa se había dado a la fuga. 

Creo, se dijo Chelo, creo que soy la pesadilla del hombre de mis sueños.

Con esos papeles en la mano, Chelo pasó la mañana sentada en su silloncito, ese que le ayudaba a pensar mejor las cosas. Siempre que tenía un problema o sufría insomnio, iba y se sentaba ahí, y era como si se enchufara con los dioses, todo se volvía menos oscuro, menos caótico. 

Chelo terminó por comprenderlo todo, más bien, por intuirlo todo. Esa noche dejó sin seguro la puerta de entrada de su casa, apagó todas las luces, y se subió a su recámara. Ahí se puso su camisón de dormir y se echó en la cama. Pero no se durmió, se quedó esperando, anticipando. Como a eso de las once escuchó quealguien entraba a su casa. Oyó pasos en la sala, en las escaleras, fuera de su recámara, frente a su cama. Chelo mantuvo silencio, incluso cuando sintió unas manos sobre sus piernas. Unas manos que sin prisa le quitaron la ropa interior. Unas manos a las cuales se le unieron una boca, un pecho, todo el cuerpo de esa sombra que ahora pesaba sobre ella, dentro de ella. Segundos o minutos después, Chelo sacó debajo de la almohada una pistola y, en la oscuridad, disparó sobre su violador. Las chispas de la descarga le permitieron ver el rostro del hombre de sus sueños convirtiéndose en pesadilla.

 

 

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