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Literatura en México

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Cinco Décadas de Cuento Mexicano. Antología. Perea, Pitman, Taylor, Tedeschi, Valenzuela

Stefano Tedeschi Para publicar una antología de cuentos mexicanos en Italia. Instrucciones para el antólogo

El proyecto de una antología literaria siempre nace como una forma de locura: el género no resulta muy amado por los editores, y menos aún cuando se trata de autores poco conocidos que vienen de un país lejano, aunque se llame México. Habrá entonces que estar muy convencido de lo que se quiere hacer, y muy contundente al momento de proponerlo. El proyecto de Cinco décadas de cuento mexicano me va a servir de base para ver lo que se puede hacer.

I. ¿Porqué una antología de cuentos mexicanos hoy en italiano?

México en Italia: ¿un espejismo? ¿un paraíso para vacacionistas? ¿un infierno de violencia descontrolada? ¿un país demasiado lejano para ser comprendido? La imagen de México en Italia tiene una larga historia, desde los primeros años de la Conquista hasta el segundo milenio y sin embargo el interés no siempre coincidió con testimonios adecuados o informaciones fiables: el contacto ha sido también una larga historia de malentendidos y de estereotipos que se han ido acumulando, sobre todo durante el siglo veinte. 

Incluso dejando de lado los panfletos de las agencias de viaje o de las secretarias de turismo, nos encontraremos delante la persistencia de una oscilación entre paraíso e infierno: pirámides y barrios pobres, violencia del entorno y amabilidad de la gente, murales y megalópolis, héroes revolucionarios y policías corruptos, narcotráfico y solidaridad con los marginados, todo mezclado en una catarata de contradicciones que en cierta medida corresponden a la contemporaneidad mexicana, y que sin embargo emergen de un panorama indistinto, sin dejar espacio a explicaciones, a una reflexión, como si entender México fuera una misión imposible (incluso para los mexicanos, imaginemos para los italianos, tan distantes y diversos). 

No podemos negar que esta sensación nos acompaña incluso a nosotros, que con este país hemos construido a lo largo de los años una relación de afecto y de estudios: en cuanto desembarcamos al aeropuerto del monstruo urbano nos preguntamos porque volvimos a esta ciudad tan diferente de nuestras apacibles metrópolis europeas, y en cambio al cabo de unos días nos volveremos a preguntar porque habrá que volver, un día u otro al Viejo Mundo. No sabemos exactamente porque, pero una venganza de Moctezuma más sutil y profunda nos atacó, y parece que será ya imposible sacárnosla de encima.

Imaginar una antología de cuentos mexicanos servirá quizás entonces también para esto: buscar una pieza más para completar un rompecabezas que sabemos de antemano inacabable, y que sin embargo nos tiene ligados a la mesa de trabajo (y además alguien nos está continuamente cambiando la imagen del rompecabezas, añadiendo y quitando piezas que pensábamos imprescindibles). En esto sabemos que vamos a recurrir un itinerario ya emprendidos por otros, porque esto si, al contrario de otros países americanos, concebidos en Italia como un todo naturaleza donde la cultura es una emergencia tan casual como deslumbrante, en la construcción de la imagen de México la cultura ha siempre jugado un papel relevante: en primer lugar la arqueología de las civilizaciones precolombinas, pero también el arte de los muralistas, la música, una cierta imagen cinematográfica (en este caso sobre todo hollywoodiense) fueron acumulando elementos para confirmar la frase de Fuentes que recuerda Héctor Perea al comienzo de su presentación de la cuentística mexicana reciente: desde aquí conocemos los mexicanos porque van vestidos de murales de Rivera, de otro modo se nos hace difícil reconocerlos.

¿Y la literatura? Desde los años cuarenta se han ido traduciendo en Italia autores mexicanos y una mirada retrospectiva y de conjunto puede autorizar una afirmación lisonjera: en sesenta años muchos libros, muchos autores y muy variados, con una cierta continuidad y una mirada bastante atenta de parte de las editoriales italianas, en especial las medias y pequeñas editoriales. Entonces, ¿un panorama halagador y tranquilizador? 

Quizás no demasiado, si cotejamos esta situación con la imagen cultural esbozada unas líneas antes: en realidad ninguno de los grandes autores mexicanos consiguió afirmarse durante todo este tiempo como un autor de referencia. Si la masa del público italiano busca autores latinoamericanos en los estantes de las librerías (reales o virtuales que sean), pensará en García Márquez, Borges, Cortázar (menos) y últimamente en Bolaño o por otro lado en Isabel Allende, Luís Sepúlveda y el primer mexicano que sale en este recuento será Paco Ignacio Taibo II. Autores como Carlos Fuentes o Juan Rulfo nunca han salido del reducto de los especialistas o de los aficionados y Octavio Paz es un nombre que se recita en baja voz entre pocos y seleccionadísimos adeptos. De los (muchos) otros pocos sobrevivieron a una primera edición, que muchas veces fue a parar en los tenderetes de libros viejos.

II. Las antologías

El paisaje de las antologías confirma esta situación desoladora: en Italia se ha publicado solo una antología de cuentos mexicanos y ninguna de poesía.

La única antología existente, que se titulaba Un océano di mezzo, tiene además una historia editorial bastante singular: fue publicada en 1999 por una pequeña editorial romana –Stampa Alternativa– y presenta doce cuentos de jóvenes autores mexicanos a lado de doce cuentos de jóvenes autores italianos. La publicación fue impulsada por el consulado de México en Milán –probablemente costeada con fondos mexicanos (todavía no existía el programa ProTrad)– y representa un curioso experimento de comparación entre autores de ambos países. La selección mexicana tenía una introducción de Mónica Lavín y contenía cuentos de autores como Rosa Beltrán, Francisco Hinojosa, Bertha Hiriart, Eduardo Antonio Parra, David Toscana y la misma Mónica Lavín, entre otros. La antología tuvo una escasísima difusión y pasó totalmente desapercibida. Entre los autores italianos solo dos han ido afirmándose como narradores, mientras los otros se han dedicado a actividades diversas y probablemente más lucrativas. 

Desde este exiguo punto de partida se pueden comenzar una serie de juegos comparativos: por ejemplo una primera pregunta podría ser ¿qué difusión posterior han tenido en Italia los autores mexicanos seleccionados para esta única antología de cuentos? Descubrimos que solo David Toscana ha tenido la suerte de ver traducida una novela suya en Italia (L’ultimo lettore, Roma, 2007), con muy poco éxito, ya que la editorial quebró pocos meses después. 

Una curiosa coincidencia me conduce otra vez a Cinco décadas de cuento mexicano: el cuento de Rosa Beltrán traducido para la antología en papel, “Grafiti”, es el mismo contenido en Cinco décadas, y resulta ser el primero en las dos selecciones, ya que ambas respetan el orden alfabético. 

Podemos así continuar el juego con otra pregunta ¿cuáles de los autores presentes en Cinco décadas han sido traducidos al italiano? de los treintaicuatro autores seleccionados encontramos solo pocos nombres: hay dos libros en italiano de Fabio Morábito, pero uno es una novela para el publico más joven (Quando le pantere non erano nere,Milano, 2001) y el otro un libro de poesías (Poesie, Trento, 2005), una novela de Bárbara Jacobs (Le foglie norte, Nardò, 1999) un libro de viajes y una colección de cuentos de Juan Villoro (Palme dalla brezza rápida, Roma, 1995; I colpevoli, Cagliari, 2010), tres títulos de Alberto Ruy Sánchez (Tra le labbra dell’acqua, Gussago, 2009; I demoni della lingua, Trento, 2002; I giardini segreti di Mogador, Alberobello, 2011; los sellos editoriales son de editoriales microscópicas) y uno de Alberto Chimal (Gregge, Gussago, 2008).

El juego puede seguir con la comparación con los datos de las traducciones de narrativa mexicana del quinquenio 2004-2008; se nos presenta una situación de este tipo: veintiún autores traducidos, con treinta cinco títulos y el cuarto lugar entre los países hispanoamericanos (después de Argentina, Cuba y Chile).

Entre los autores elegidos por las editoriales italianas hay una posición dominante de Carlos Fuentes (con seis libros), al segundo puesto se encuentra Guillermo Arriaga (con cuatro títulos), y a seguir Enrique Serna (tres títulos), Ignacio Padilla, Ángeles Mastretta y Fernando del Paso (dos títulos), y un puñado de autores (catorce) con un solo titulo, entre los cuales destacan autores contemporáneos como Mario Bellatin, Margo Glantz, Gonzalo Celorio, Guillermo Fadanelli, Antonio Ortuño. No hay que olvidar que en los mismos años se siguen reimprimiendo las novelas policiacas de Paco Ignacio Taibo II, presente con un solo titulo nuevo en el periodo considerado. 

Después de las fechas consideradas una joven editorial romana, “La Nuova Frontiera”, se ha dedicado a publicar nuevos autores, con una preferencia para la novela negra y los narradores del Norte entre los cuales destacan Elmer Mendoza, Yuri Herrera, Emiliano Monge.

Al final de estos juegos comparativos entre números, nombres y fechas podemos afirmar con una cierta tranquilidad que, si la antología de Cinco décadas representa una buen escaparate de la narrativa mexicana más reciente, como afirman sus presentadores en la Red, es evidente que hay una discrepancia notable entre lo que se escribe en México y lo que llega en Italia.

IV. Un nuevo proyecto

A través de la traducción de Cinco Décadas al italiano se podría entonces ofrecer otra visión de lo que se cuenta por estas regiones: a partir de esta consideración emprendemos la tarea de un taller universitario de traducción, una experiencia al mismo tiempo compleja y exaltante.

Una antología tiene siempre la presunción de presentar lo que se considera como lo mejor; ya en su etimología queda certificada esta ambición, y el cuento mexicano proporciona material abundante en este sentido: muchos autores, una producción vasta, una enorme variedad de temas y formas, en fin, el paraíso de los antólogos. 

La primera selección de Cinco décadas estuvo a cargo de Héctor Perea, que explica sus criterios en el ensayo de presentación y –concordando con su método casi por completo– a nosotros nos tocaba el reto de la traducción y el de una presentación que orientara un lector italiano en el elenco de los autores y de los textos. Resuelta la tarea (no fácil, considerada la variedad de estilos, registros, formas de los autores) de la traducción gracias al valiente equipo de traductoras, quedaba pendiente la presentación, una faena que se imponía como un desafío, ya que la primera selección no había caído directamente bajo mi responsabilidad.

Cuando nos propusimos, ya como comité, ampliar el abanico de los autores, me volví a plantear la cuestión y pensé que se podía responder al desafío siguiendo una metáfora espacial, parecida a la que organiza el material de Ficticia, otra antología de narrativa mexicana en la red. 

El conjunto de Cinco Décadas se presenta en efecto como un “panorama” de la cuentistica mexicana más que una antología temática o una selección concebida a partir de estrictos valores estéticos, y esta característica se irá posiblemente dilatando con la inclusión de nuevos autores, según lo que nos estamos planteando. 

Si imaginamos entonces la antología como un territorio, habrá que entregar al viajero un mapa para moverse en su interior, o incluso para perderse –si así quisiera– para finalmente volver sobre senderos más conocidos. 

Todo itinerario suele partir sin embargo de lugares familiares y nuestro mapa no podrá contradecir esta tesis, tendrá que jugar con lo que el lector italiano cree que se va a encontrar –aunque fueran estereotipos ya extenuados– para proponer nuevos derroteros.

V. Un mapa para un territorio

Un punto de partida firme e irrebatible será el del realismo, este realismo “necesario y fatal”, como escribía Francesco Tentori Montalto –antólogo italiano de enorme relevancia al inicio de la difusión de la literatura hispanoamericana en Italia– en su introducción a una antología de narradores hispanoamericanos de comienzos de los sesenta. 

La sucesiva invasión polimorfa y colorada del real maravilloso no ha logrado en efecto demoler esta idea de un realismo necesario para lo que viene del continente: se llamará realismo socialnarrativa policial con implicaciones socialesrealismo de denuncia pero la mimesis de la realidad parece un destino inevitable para todo escritor latinoamericano (y los que escapan de esta condena serán descritos como escapistas,intelectualoides, en fin, traidores de la causa). Una lectura superficial de algunos textos de Cinco Décadaspodría justificar en parte esta ilusión: muchos de los cuentos describen una realidad cotidiana, casi siempre urbana, muy parecida a la de las ciudades esparcidas dondequiera por el globo. Y sin embargo casi ninguno de los cuentos pretende ofrecernos una simple mimesis de esta materialidad, que se vuelve a menudo un elemento primordial, pero no suficiente para llegar a una percepción más profunda: como los grafitis de los baños de las damas en el cuento de Rosa Beltrán, que abren a relaciones inesperadas, a una dimensión sorprendente de la realidad, aunque sea sucia e impresentable. Las negociaciones posibles entre elrealismo (termino que ya casi nos parece arqueológico) y el fantástico se vuelven infinitas, como en los cuentos de Fabio Morábito: sus “madres” pertenecen a un mundo indistinto, entre el mito, la cotidianidad y la pesadilla (y otro cuento suyo, “Los Vetriccioli”, quizás más sugerente para un lector italiano, confirma esta dimensión múltiple). O como ocurre a los protagonistas de lo relatos breves de Juan Villoro, uno de los pocos nombres no totalmente desconocidos en la península mediterránea: la lucha con el coyote en el desierto es un ejemplo casi perfecto de lo qua vamos afirmando, y muchos otros de los textos recogidos en La casa pierde van en la misma dirección. 

Aquí habrá que abrir una breve paréntesis para completar las instrucciones para el antólogo: (si tuvieras que publicar en un libro tradicional, con portada y papel, con estos cuentos podrías encontrarte con algunos –solo tres, por el momento, Villoro uno de estos– ya publicados en italiano. Será mejor buscar otros, en la misma línea, que pedir la autorización para los mismos: cuantos más nuevos cuentos, mejor.)

Otro punto de partida bien frecuentado por los lectores italianos podría ser el de la violencia. 

Desde la Revolución, y sus novelas (y sus películas) la violencia ha estado asociada al mundo mexicano, donde, como decía Villoro, “mis primos desayunaban tequila con pólvora, mi abuelo era fusilado en la revolución y por todo legado dejaba el ojo de vidrio con el que yo jugaba a las canicas.” Las pocas noticias de los tiempos que nos ha tocado vivir que es posible leer en los periódicos italianos casi siempre cuentan de muertos encontrados en las ciudades del norte, de las hazañas de los narcotraficantes, de episodios de violencia presentados como “inusitados y extraordinarios” (y esto tendría que sonar bastante extraño en un país que ha sido la cuna de la criminalidad organizada, pero se ve que no nos hemos aprendido la historia de la viga y de la pajita, pero así es, que le vamos a hacer…). 

Los lectores itálicos de Cinco Décadas no quedarán defraudados en este sentido: la violencia no puede faltar en los cuentos contemporáneos pero nada de folklórico, ni aquella “mística de la muerte” que otra introducción de los sesenta presentaba como intrínseca al espíritu mexicano, en la nota que acompañaba la primera traducción de los cuentos de Rulfo: “Di morte è piena, si può dire, ogni cosa scritta o figurata sul Messico. […] Morte e Messico: Morte è Messico”. 

La violencia presente en los cuentos de nuestra antología es una violencia del cotidiano, la violencia que se ejerce sobre las mujeres en los hogares (bien representada en muchas de las voces femeninas), la violencia inexplicable de un aparente error policial en el cuento de Federico Patán, la de las oficinas anónimas, de los parques públicos. 

Se irán después añadiendo autores norteños, poco representados en la primera selección, que se mueven en las inmediaciones de aquella frontera, ya parte de un imaginario compartido, pero sin dejar espacio a representaciones de violencia gratuita y espectacular: siempre se nos recordará que esta se relaciona con la crueldad de la vida de cada día, con la desesperación del cotidiano, y se puede combatirla incluso con la ironía y la parodia. 

Una palabra que para los lectores italianos se acopla muy bien con Latinoamérica es pasión, palabra mágica que aparece en la mayoría de las contraportadas de los autores hispanoamericanos publicado en el bel paese: sentimientos desbordantes, amores excesivos, muchas veces ligados a la inevitable pareja “amor y muerte” (no importa que en realidad este tema sea de hecho secundario en el libro que se pone en venta al mercado, basta a veces solo una alusión, todo sirve para vender…), todo el arsenal de las viejas pasiones, transformadas ya en neo románticas y posmodernas.

Y con las pasiones en los cuentos de Cinco Décadas pasa lo mismo que con la violencia: hay de todo tipo, pero fuera de todo tópico. Se podría llamar esta antología casi un inventario de pasiones contemporáneas, tan variadas y heterogéneas como los autores elegidos y a elegir; también las formas de representarlas son tan dispares como inesperadas: la pasión que roza la pesadilla del cuento de Morábito o la ironía de Vega Zaragoza en sus instrucciones para fornicar con ángeles, para tomar solo dos ejemplos elegidos de casualidad.

El juego de las expectativas de los lectores italianos aquí tiene que cambiar de rumbo para encaminarse hacia lugares del territorio poco explorados (o explorados solo desde hace poco, y por lo tanto poco conocidos). 

Los que quisieran seguir estos caminos nuevos se encontrarán delante construcciones sorprendentes: inusuales maneras de contar (Helguera, Muñiz-Huberman), exquisitas referencias literarias (Ruiz Abreu), diabólicas tramas urbanas (Estrada), elegantes construcciones narrativas compendiadas en la pocas líneas de un microcuento (Castañón), delicadas reflexiones sobre destinos de hombres y mujeres frágiles (Molina, Villoro), cuentos casi-policiales (Hinojosa), hasta llegar a los extraordinarios resultados de Daniel Sada y Alberto Ruy Sánchez, ejercicios narrativos y lingüísticos de asombrosa calidad.

La selección actual de Cinco Décadas ya delinean así un panorama extremadamente variado y sin embargo su ampliación puede reservar aun más sorpresas: la descomunal cantidad de antologías de cuentos en papel registrada por Gabriela Valenzuela testimonia la cuantía de autores que sería posible añadir, sin olvidar que en la literatura mexicana existe un territorio poblado por escritores raros que quedaron (y quedan) fuera de los circuitos culturales consabidos, y que vale la pena descubrir o redescubrir. La Red, por su naturaleza de espacio abierto, teóricamente sin fronteras, será quizás el más conveniente para darse el placer de desempolvar los anaqueles menos frecuentados de nuestras librerías. 

VI. El mapa de una antología en la red

El ultimo apartado de estas breves instrucciones no puede que estar dedicado justamente al medio donde se encuentra Cinco Décadas, ya que no es lo mismo publicar una antología con las notorias limitaciones de páginas que recalar en el espacio sin restricciones aparentes de la triple w. 

¿Podremos decir adiós, sin demasiados arrepentimientos, a las batallas perdidas con los editores que nos han rechazado sin piedad todas las propuestas de un libro consagrado a los cuentistas mexicanos, donde dos palabras prohibidas –antología y cuento– se juntaban en una especie de blasfemia editorial abominable? 

¿Si la frontera del numero de paginas ya se ha vuelto obsoleta, qué limite tendremos que poner para evitar una aluvión de palabras que pueden desorientar cualquier lector?

¿Y finalmente, como sobrepasar la aglomeración de la red virtual para conectar con los lectores que imaginamos interesados a nuestra selección de autores traducidos al italiano?

Aquí las instrucciones para el antólogo contemporáneo tienen que mezclarse con las del pasado y volver a pisar las huellas de los antecesores, y al mismo tiempo imaginar escenarios inusuales para llegar a los lectores: la atención a la calidad de la escritura se asociará al uso de los nuevos medios de comunicación, la exploración de los estantes de las bibliotecas se juntará con la escritura hipermedial. 

Nuestro antólogo podrá cerrar así estas instrucciones y dedicarse a lo que más le gusta: leer, leer y leer, y finalmente elegir, entre tantas palabras, el pequeño tesoro que considerará urgente confiar a sus lectores, virtuales según el medio y reales en los clics que abrirán las páginas de la antología. 

La Sapienza Università di Roma

 

 

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