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Antropología e Historia de México

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Gobiernos de México

Antonio López de Santa Anna




En nada cambió ésta, su novena y última estancia en el poder de Santa Anna, de las anteriores. Sus arbitrariedades iniciaron desde el primer día en que tomó el cargo presidencial, desterrando a Mariano Arista, sin razón alguna pues éste ya no tenía ningún lugar en la política. Suprimió la libertad de prensa, pues sabía que ésta muy pronto pondría en evidencia su ambición y egoísmo. Creó una policía secreta cuya función era la de vigilar a todo sospechoso de ir en contra de sus ideas y su gobierno. Aumentó los efectivos del ejército mediante la leva, y los enormes gastos que propició esto los pagaba del erario público, por lo que muy pronto éste quedó vacío. Sin embargo esto no lo frenó: por medio de impuestos sobre la propiedad siguió obteniendo dinero. Los impuestos que cobraba eran hasta por las puertas y ventanas a la calle e incluso por algunos animales domésticos. Cuando ya terminaba el periodo de su mandato, la legislatura de Jalisco pidió la prorrogación de su gobierno y como muchas grandes poblaciones apoyaron esta decisión, se expidió un decreto por el cual se concedían todas las facultades al dictador. En este periodo, otro pequeño territorio conocido como La Mesilla fue invadido por el norteamericano Lane. México pronto hizo la reclamación, pero el gobierno contestó que a ellos les serviría más que a los mexicanos, y que estaban dispuestos a comprarlo, con dinero o con armas, pero no a dejarlo. Finalmente Santa Anna recibió diez millones de pesos por La Mesilla que Santa Anna utilizó para enriquecerse a él mismo y a sus amigos. El 11 de septiembre fue estrenado el Himno Nacional Mexicano, quizá el único acierto de Santa Anna en sus nueve periodos de gobierno. El 1° de marzo de 1854 Florencio Virrarreal proclamó un plan por medio del cual se desconocía a Santa Anna como presidente. A este plan se le conoció como el Plan de Ayutla y a éste se unió Ignacio Comonfort, quien entonces era jefe de la Aduana de Acapulco. Más tarde, en todo el territorio nacional había ecos del levantamiento: en Michoacán, con Epitacio Huerta al mando; en Tamaulipas, con Juan José de la Garza; en Aguascalientes, con el italiano Don Luis Ghilardi; en Morelia, con Santos Degollado; en San Luis Potosí, con Don Vicente de la Vega; en Lampazos, con Don Santiago Vidaurri; en Orizaba, con Don Ignacio de la Llave; en Sonora, con Morales y Pesqueira... A Santa Anna no le quedó otro camino que el de huir, no sin antes manifestar su magnanimidad y la ingratitud del pueblo para con él. Algún tiempo después quiso aprovechar la invasión francesa para arribar nuevamente a territorio mexicano, pero tras hacer un llamamiento a sus amigos, fue deportado por los franceses. De la misma manera, durante la lucha entre Juárez y Maximiliano de Habsburgo quiso fungir como intermediario. Santa Anna fue deportado nuevamente y como insistió en desembarcar en Sisal, fue hecho prisionero y condenado a muerte. Sin embargo su sentencia fue cambiada por ocho años de destierro. Regresó a México a pasar los últimos dos años de su vida en un departamento en la calle de Bolívar, donde murió.
 
 
Autor: Manuel Zavala (concepto), Angélica Barrientos y Beatriz Bezares (textos)

 

 

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