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Fotografía en México

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Mauricio Alejo

Sala 2


Cuatro Nabos

REGRESAR AL OLVIDO

José Antonio Rodríguez

La Octava Bienal de Fotografía (Centro de la Imagen, 1997) reconfirmaría el estilo que desde dos años antes ya se prefiguraba en Alejo. Volvía a esos escenarios desgastados en donde un cierto impulso surreal parecía motivar a sus imágenes en gran formato.

 


Gustar

Ahí mostraría unos secos nabos sobre la tapadera de un excusado ("Cuatro nabos", 1997) como cuadro lúdico de los desechos humanos; un "Perchero" (1997), un tanto kitsch (en dos de sus cuadros que lo conformaban, se mostraba a unos gatitos, un pollo y unos pájaros, pero en su centro -en otro cuadro-, se le colocó un embrión que desequilibraba a las otras dos "plácidas" escenas), que era retomado para transformar las cándidas imágenes sobre la reproducción de la vida; refotografiada una rota radiografía ("La cadera de mi esposa", 1997, en donde esgrafiaba una numeración al revés de las manecillas del reloj) y a su lado colocaba un cuchillo ennmohecido (el tiempo en los objetos nuevamente) para exhibir la fragilidad; en otra imagen colocaba un reloj en el centro y sobre éste unas semillas en proceso de germinación; tres obras éstas últimas relacionadas con la gestación (su imposibilidad) para una nueva vida; también al lado de una quijada animal insertaba un tubo usado de pasta de dientes, como sutil ironía de mostrar lo que hemos olvidado de nosotros mismos, entre otras. 

 


Oír

La serie completa fue conocida como "Asuntos domésticos" y exhibía en general una preocupación sobre lo frágil, lo relegado, lo aparente, dominado todo por el paso del tiempo (eso lo dejaba ver el desgastado acabado de sus escenografías o el uso de los viejos relojes, los cuales son iconos persistentes en el manierismo y el surrealismo).

 


Sentir

En la construcción de su muy particular iconografía, Mauricio Alejo hace evidente que a él le funcionarían las enseñanzas de los foto constructores que le precedieron y que trabajaron con la escenografía objetual (Laura Cohen, Sánchez Uribe, Agustín Estrada, digamos), y que a su vez se alejaron del realismo mágico implícito en algunos ejercicios fotodocumentalistas.

 


Oler
 
Esta elección fue, para los jóvenes fotógrafos mexicanos surgidos en esa década, más trascendente de lo que aparenta ser. Porque fueron moldeables las circunstancias personales que difícilmente eran encontradas en las realidades externas.
Aunque si bien la obra de Alejo se finca ahora en esa tradición de la foto construcción mexicana, también posee referencias más cosmopolitas. En su caso, un cierto eco con las escenificaciones de Irving Penn: los polípticos de éste para las portadas de "Vogue" de los cuarenta, en donde recurría a los insectos (las abejas, los escarabajos, los abejorros); los objetos de desecho, como los paquetes de cigarrillos o los guantes industriales de los setenta, o las cabezas óseas de los animales de los ochenta, todo ello fotografiado en estudio.

 

 

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