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Fotografía en México

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Mario Mutschlechner

Galería 3


DOS MUJERES LIMPIANDO CÁNTAROS EN EL RÍO, 1968
Foto: Mario Mutschlechner

Ñundeui — “Al Pie del Cielo”

Entrevista al Fotógrafo Mario Mutschlechner

Jesús Hernández Garibay*

Resumen: Mario Mutschlechner, fotógrafo por convicción, alemán por nacimiento, mexicano por decisión, realizó a finales de los años sesenta un extraordinario trabajo fotográfico en la Mixteca Baja. Un puñado de imágenes cuya inocencia, como se menciona en esta entrevista, embarga hasta la mirada más seca del hombre y la mujer contemporáneos; un trabajo que tomaría otros treinta años convertirlo en un concepto: Ñundeui «Al pie del cielo». Ñundeui, dice el entrevistado, «es valioso porque comunica pureza…»; comunica a la vez el cariño de una obra de la que muchos jóvenes hoy pueden aprender. Palabras clave: obra artística, rigor creativo, ciencia y humanismo.

La Mixteca o Nación Ñuu Savi es un vasto territorio enclavado en los estados de Guerrero, Oaxaca y Puebla. La mixteca es una de las culturas más relevantes de Mesoamérica, no sólo por su largo desarrollo, sino por ser la región de algunos de los códices prehispánicos más importantes que se conocen. Durante el Periodo Clásico (200-900 D.C.) en la Mixteca Baja se desarrollaron sitios que compartían un estilo al que se ha llamado Ñuiñe. En la zona que hoy conocemos como estado de Oaxaca floreció dicho reino mixteco dividido en dos provincias: Mixteca Alta o tierra de lluvias y Mixteca Baja, es decir sitio caliente; posteriormente se dio luz a la que ahora se denomina Mixteca de la Costa, para completar el actual escenario de la región Mixteca. Los amuzgos de Oaxaca, los triquis, chocholtecos e ixcatecos forman pequeños enclaves culturales y lingüísticos dentro de ese territorio; la cultura de los primeros mixtecos fue la de los llamados Ñuu Sa Na´a o Gente antigua (Ñuu Yata), en la Mixteca Baja.

 


EN EL RÍO, 1968
En yerba de primavera venimos a convertirnos:
llegan a reverdecer, llegan a abrir sus corolas nuestros corazones,
es una flor nuestro cuerpo: da algunas flores y se seca.

Poesía náhuatl
Foto: Mario Mutschlechner

A estos paradisíacos rincones, en medio de flores como el lirio, la tronadora, la bugambilia o la azucena, de plantas comestibles como el cilantro, la pepicha y el papaloquelite, de árboles como el ahuehuete, el álamo o el sauce, de frutos como la pitaya, el nanche rojo o el zapote blanco, de plantas medicinales como el pirul, la ruda, la hierbasanta, de una nutrida fauna donde el coyote y el tejón acompañan en las noches al tecolote, al chapulín o las libélulas, un día cualquiera de 1967 llegó un joven extranjero. Ahí donde la más pura naturaleza se exhibía todavía orgullosa y magnificente, lo esperaban entonces imágenes soñadas por la intención de conocer senderos nuevos descubiertos en un mundo más libre que aquél que antes cortejaba: el de su país de origen, el de los grandes avances tecnológicos. 

 


LUISA MOJÁNDOSE CON UNA JÍCARA, 1968
Foto: Mario Mutschlechner

Partidario ferviente de la ciencia y la tecnología, trabajando después profesionalmente por más de tres décadas en fotografía industrial en nuestro país, Mario Mutschlechner, alemán de nacimiento y mexicano de convencimiento, captó con ojos de artista plástico desde entonces un hermoso ensayo de fotografías de mujeres de la región, que al paso del tiempo en que sobrevivieron al olvido, se muestran ahora como una admirable isla en medio del inhumano huracán de los tiempos modernos. Ñundeui: «Al pie del cielo», llamó a su obra; un puñado de imágenes cuya inocencia embarga hasta la mirada más seca del hombre y la mujer contemporáneos, un trabajo hecho a finales de los sesenta, pero que costó treinta años convertirlo en un concepto: Ñundeui. En la serie se advierte, pero sobre todo y como Mario lo dice en esta entrevista llevada a cabo en agosto del presente en su bien montado estudio, camino al Ajusco, «la atmósfera de pureza y paz…» que él mismo buscaba entonces, «…un paraíso tropical, un mundo sin malicia, un retiro espiritual…»

 


DESPUÉS DEL BAÑO, 1968
Despierta, ya el cielo enrojece,
ya se presentó la aurora
ya cantan los faisanes color de llama
ya vuelan las mariposas.


Poesía náhuatl
Foto: Mario Mutschlechner

Y pensar que dicho paraíso vive entre nosotros todavía, en este inicio de siglo repleto de impureza y guerras...

*****

JHG: Mario, lo que primero llama la atención es la razón para que un fotógrafo alemán viva en nuestro país. ¿De dónde surge esta idea?

MM: Bueno, surge de muchas cosas, de películas antiguas de México, de Gabriel Figueroa, de la época de oro del cine mexicano. Después vi otra película de John Houston, "La Noche de la Iguana", y me dije: éste país quiero conocer. Estaba cansado de Alemania, de un país donde de joven te dicen: tú tienes tal trasfondo cultural, económico, tal educación, perteneces aquí, y nada más. Quería estar libre, me absorbían la escuela, el aprendizaje, el trabajo y mil cosas, quería vivir, quería libertad y veía en México un país grande y libre. Tenía mucho anhelo de conocer este país.

 


MUCHACHA CON JÍCARA EN PLATANAR, 1968
Foto: Mario Mutschlechner

JHG: Usted vivió en la Alemania Federal.

MM: Así es, vivía en Colonia. Posteriormente trabajé como asistente de un excelente fotógrafo en Stuttgart y después me fui a México, poco antes de los Juegos Olímpicos 67, 68, llegué aquí y al principio me relacioné con artistas y antropólogos, generalmente en inglés porque no hablaba español y bueno, esta gente me pareció maravillosa, me gustó muchísimo México. También fue una bienvenida increíble en aquel tiempo, esta ciudad tenía siete millones de habitantes y aún era muy hospitalaria. Fue una época muy bella, me encantó México y me quedé. México me sigue gustando, no obstante tantos problemas que tenemos. Es un gran país y los mexicanos son gente cálida, a diferencia de los alemanes, que somos demasiado fríos. Aprecio mucho al D.F., la capital, aunque a veces es pesado vivir aquí. Vine por conocer este país, me gustó mucho y me quedé. 

JHG: ¿A los cuántos años llegó acá?

 


LA SOÑADORA, 1968
Sólo venimos a dormir, sólo venimos a soñar:
no es verdad, no es verdad que venimos a vivir en la tierra.
Poesía náhuatl
Foto: Mario Mutschlechner
 
MM: Llegué a los 26 años de edad y los primeros tres años fueron de adaptación, porque México y Alemania son países opuestos. Llegué de hippie, con pelo largo. No obstante, era formal, iba a las citas, llegaba a tiempo y si el ejecutivo no estaba, decía: «¡cómo es posible, hicimos una cita…!» Los conceptos del tiempo y de la puntualidad eran mucho más estrictos en Alemania. Y así mil cosas, unas por otras. Me adapté, hice amigos y finalmente me quedé en la capital. Al principio exploré el país; a la Mixteca llegué antes de arribar al D.F. Entré al país por Mérida, había viajado por meses en el Caribe de una isla a otra, buceando, de aventurero, finalmente llegué de Jamaica a Mérida. Mi destino final fue México, luego seguí explorando la provincia. Así viajé, porque era joven, tenía tiempo y mucha curiosidad, no hablaba español. Llegué a la ciudad de Oaxaca, donde ya en aquel tiempo había mucho turismo; hice conexiones y alguien me dijo que fuéramos a Pinotepa Nacional; fuimos y vi las primeras escenas de lo que llamé treinta años después Ñundeui: mujeres semidesnudas con sus naguas y fajas. Pensé enseguida en los cuadros de Paul Gauguin y me dije: volveré para hacer un ensayo fotográfico. De regreso en la ciudad de Oaxaca recibí las noticias del fallecimiento de mi madre, ocurrido tres semanas antes, se me terminó el dinero y acabé con una infección en una clínica de la zona roja de la ciudad. Una familia norteamericana, un ingeniero alemán y un médico militar de Oaxaca me ayudaron, me recuperé de la sinovitis, una infección muy dolorosa de rodilla, fue una época muy dramática. A la vez aprendí español como autodidacta y cuando salí de Oaxaca hacia la ciudad de México hablaba español, me pude comunicar, y así llegué a la capital.
 
 
Fuente: http://www.remo.ws

 

 

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