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Antropología e Historia de México
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Retrospectiva de los 50’s

Los Años Cincuenta


Ludwig Mies van der Rohe li


Estética

Diseño

Después de la Segunda Guerra Mundial, el occidente se divide entre una América triunfadora y una Europa devastada cuya principal preocupación es la reconstrucción. La industria renace poco a poco, lo mismo la arquitectura y conjuntamente, el diseño. En Francia, la situación al respecto es pésima; en cambio Italia, aunque más empobrecida, se dispone a convertirse en el país cuyo diseño sería consagrado en los cincuenta como el mas innovador, y en los setenta, el más brillante. Italia explota. En forma contraria a cualquier otro país, su diseño no se torna hacia soluciones excesivamente pragmáticas, ni considera como única meta el ser útil. Prosigue la concepción de funcionalista y modernista de los años treinta, aunque alejándose de la tradición. 

En el resto de Europa, en cambio, se construye por construir, olvidándose de reflexionar acerca del impacto histórico y cultural de lo que se hace. Se emplean los plásticos, los nylons, la nuevas técnicas del modelado en madera, pero sin muchas fantasía: no importa que salga bonito. Le Corbusier es omnipresente, pero se le encarga poco trabajo -apenas si los franceses entienden el por qué de su éxito en el extranjero. El estilo escandinavo hace estragos: Dinamarca exporta más de la mitad de su producción mueblera, que seduce por su manera de combinar, en formas sencillas, la modernidad de una fabricación de alta calidad y el refinamiento del acabado. Alvar Aalto, el arquitecto - diseñador finlandés -de quien pudimos apreciar, el año pasado, una retrospectiva en el Palacio de Bellas Artes- adquiere una fama considerable en Italia. 

Fuera de Italia, pues, son escasas las innovaciones en materia de muebles. Los creadores, limitados por su buena voluntad populista, son reacios a asociarse con los industriales. Reducen el mobiliario a lo mínimo: ratán rústico; lámparas ligeras y alegres; mesas de madera bruta; sobrias, prácticas y sólidas; de pronto, muebles ondulados, en bola o blandos. La primera seña de mutación: Knoll Internacional crea, en 1951, varias filiales que destruyen firmas de Mies van der Rohe, Marcel Breuer, Scarpa, Saarinen, etcétera. 

Todos ellos buscan rebasar lo funcional por medio de la forma. Segundo arranque: los italianos, saturados durante los años del fascismo de racionalismo, obsesión socialista, colectivismo y productivismo autoritario, ya no aguantan más. Empiezan a explorar sus raíces: la cultura se convierte en la principal herramienta de los diseñadores. El color, el set, el juego irrumpen materializados, sin embargo, por un óptimo rigor técnico. Los arquitectos, quienes casi siempre dibujan también muebles y objetos, entablan contactos con Olivetti, Pirelli y otros grupos industriales renacientes. Los ebanistas tradicionales se reúnen en unidades de producción industrial (Cassina, Tecno, Arflex); surgen las revistas especializadas; la famosa Trienal de Milán. 

Los italianos reinventan todos los estilos, desde el barroco hasta el más sobrio, aplicándolos a la producción es serie e instituyendo la síntesis del arte, la cual pone al mismo nivel artes aplicadas y arquitectura. 

Anticonformistas, líricos, sensuales, contradictorios, los nuevos creadores se interesan tanto en un silla, un picaporte, una chimenea, una cortina, como en el espacio que estos elementos ocupan. Algunos diseñan roperos con trampantojos de forma de libreros; lámparas en forma de rebanada de sandia; sillones tapizados de cuero sintético con estampado de mariposas. Otros gustan de crear efectos de sorpresa, practicar el pastiche con audacia e integrar ideas de luminosidad por doquier. Otros más, locos de esoterismo, erotismo o bien de aeronáutica, reproducen las figuras acrobáticas del avión en las curvas de una consola. En todos ellos, hay un dejo de Gaudí, algo surrealista, un toque de inventor genial y de artesano refinado.

 


Pablo Picasso


Pintura

Al terminar la guerra, Matisse y Picasso dominan la creación contemporánea y son figuras de referencia para los pintores jóvenes. Ambos maestros prefiguran las interrogantes de la nueva generación, reduciendo su gama cromática al empleo exclusivo del blanco y el negro. Sus seguidores, a su vez adoptan esta ambivalencia tonal para desarrollar el motivo del gesto, en la abstracción lírica. Para Motherwell, Kline, Soulages, Mathieu, el negro es, antes que nada, grafismo y caligrafía: Su pintura-escultura permanece hostil a la enunciación de un sentido; mas bien, se apega a la expresividad del gesto, a su espontaneidad. 

Hartug inicia lo que en los Estados Unidos florecería con el nombre de Action Panting; actúa sobre la tela para inscribir, en una serie de gestos desenvueltos, el signo mismo de su emoción. 

Pollock, Greenberg, De Kooning, Wols intentaban asimismo componer obras en que el impulso, el gesto, no sean controlados por el raciocinio. La velocidad, la meditación oriental son sus instrumentos: los emotivo aparece desprovisto de idealismo. 

El Color Field, iniciado por la segunda generación de abstractos americanos, refleja un deseo de hacer resaltar la materialidad de la pintura: Sam Francis, Rothko, Bram van Velde trabajan el color hasta lograr sus máximos efectos, jugando con su calidad de expansión o, al contrario, con el poder de absorción del lienzo. 

 


Pierre Alechinsky



La Escuela de París, un movimiento sumamente fértil a finales de los cuarenta, sufrió mas adelante un injusto descrédito. Bazaine, Manessier, Vieira da Silva, Zao Wu Ki, Nicolas de Steal conjugan las estructuras del Cubismo y el espíritu cromático insuflado por Matisse y Bonnard. En un mundo de correspondencias, el pintor traduce su tema en construcciones de sensaciones, no así en edificaciones imaginarias. 

Dos monstruos sagrados ejercen una influencia inmediata en la nueva generación: Matisse, con susgouaches recortados, y Léger, con sus últimas pinturas en que el color y el dibujo se disocian. Ambos comparten una pasión por la línea y los colores puros, una misma concepción de la forma coloreada en el espacio. 

La abstracción geométrica es uno de los más destacados estilos de los cincuenta. Desde Sonia Delaunay, Vasarely, Poliakoff, Lohse, hasta Frank Stella, son muchas las iniciativas que anuncian el ocaso de la pintura clásica de caballete, al fusionar las búsquedas del Cubismo con el arte minimalista. La subjetividad le cede el paso a ciertas leyes, ciertos órdenes modulares. Estos pintores ahorran sus medios y persiguen variaciones infinitas de un conjunto de formas.

 


Jackson Pollock


Los artistas cinéticos integran el movimiento real en la obra del arte, y subrayan el carácter lúdico de ésta. Vasarely, Tinguely, Soto llevan al espectador a reflexionar acerca de la percepción misma. Sus piezas reclaman nuestra participación geométrica y la ironía heredada del Dadá. 

Animados por compromisos políticos, algunos representantes del realismo socialista como Lam, Matta, Fautrier, ponen su estilo al servicio de la defensa de una causa, un ideal, sea el sionismo, el castrismo o el comunismo soviético. Menos académicos y maniqueístas, otros sienten el deseo de regresar al modelo, como Giacometti, Morando, Helion. La época, que contempla en la abstracción la única vanguardia posible, otorga a estos retratistas y paisajistas modernos, un estatus marginado. 

Bacon, De Kooking y Dubuffet comparten una misma observación agresiva por la figura humana. Componen imágenes violentas, ídolos bárbaros que establecen una nueva estructura representativa; los medios abstractos aplicados a fines figurativos.

 


Francis Bacon

Otra característica de la plástica de los cincuenta es el recurso de materiales no tradicionales. Tapies, Raushcenberg, Burri ensamblan objetos antiartísticos y desechos industriales para devorar la realidad. Es, desde luego, el primer paso hacia el Pop Art.

Cobra es un grupo que se desenvuelve entre Copenhague, Bruselas y Ámsterdam. A raíz del libre gesto de Pollock, los pintores de Cobra experimentan un automatismo formal donde dominan la línea, en vistas a alcanzar los mitos fundamentales. Muy politizado, Cobra propone obras violetas que no tienen otro criterio que el exorcismo. Cobra expresa un mundo anterior a la formación, un mundo en que lenguaje e imagen apenas tienen forma. Entre ellos, cabe mencionar a Michaux y sus pinturas de mescalina, y a Karen Appel. 

El éxito de la pintura abstracta y su difusión internacional poco a poco crearon las condiciones mismas de su muerte. Para responder a este fenómeno de saturación, Jasper Johns, Saura, Vedova, Cy Twombly, la vanguardia japonesa Gutai, oponen el juego de los extremos: el exceso y el ascesis. Algunos sobrecargan el lienzo de efectos de pincel y de materia, o incluso hacen cuerpo con el cuadro; otros se conforman con reducir el gesto de pintar a una intervención mínima. 

El final de los cincuenta es una época de contrastes. A partir de entonces, se propulsa a la vanguardia la pintura monocroma. Sotana, Manzini, Klein, con medios muy diversos para lograr la monocroma, ponen un término a la abstracción lírica y llevan el rigor geométrico a sus extremos. La monocroma es la conclusión de una concepción del arte y el inicio de un nuevo cuestionamiento, el de los setenta, acerca de la finalidad y los medios de la pintura. 

Evolución cultural

Los años cincuenta, un decenio que hoy está en pos de volverse mítico, se revela como una época que inventó nuestra sociedad actual a partir de una efervescencia cultural que podría llevar el nombre genérico de liberaciones. El mundo salía de la guerra militar, para sumirse en nuevas batallas intelectuales, artísticas y materiales que inauguraban una concepción moderna del mundo y de la conciencia contemporánea. Este renacimiento dio lugar a una explotación creativa, la cual fue impulsada por innovaciones científicas y técnicas. 

En Europa, esta mutación se manifestó primero por un frenesí de descubrimientos "exóticos": el jazz, la literatura americana; Marx, Kafka. Estas aportaciones extranjeras abrieron paso a múltiples indicativas en todos los ámbitos: el Nouveau Roman, Lacan, el estructuralismo, la música electroacústica, el teatro-performance, la abstracción pictórica. 

Simultáneamente, se volvían a emprender las grandes polémicas: abstracción vs. figuración , estructuralismo vs. existencialismo, y marxismo. Los cuestionamientos se generalizan: amplificándose por los medios de comunicación masiva, salen de los núcleos filosóficos y estéticos para implantarse en la vida cotidiana de la sociedad. 

La prensa se convierte en el cuatro poder. La imagen se impone, en el cine, el cartel y la televisión. La vida social entra a la era del consumo, con la aparición de los supermercados, los Mac Donald´s, los muebles industriales, los jeans. Una población se afirma: la juventud, con sus héroes y códigos propios.

Los cincuenta son años de profundos y decisivos cuestionamientos. Los sesenta serían de respuestas y posiciones. Los valores morales se disuelven, como relojes de Dalí; las estructuras sociales (familia, patria, escuela) quedan puestas en telón de juicio, al igual que aquéllas del pensamiento (lenguaje, conciencia). Se borran los límites entro lo privado y lo común, lo íntimo y lo oficial. 

Estas polémicas, estos entusiasmos fueron los fermentos de lo que vivimos ahora en todos los campos de la cultura y en la identidad propia; son las raíces, aún cercanas, de nuestra historia contemporánea.

Sylvia Navarrete

 
 
Autor: Vértigo/ Artes e Historia México

 

 

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