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Arte en México

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Armando Eguiza

Carlos-Blas Galindo
octubre 1995
El Financiero

En nuestro país, el grabado ha tenido periodos de un auge inusitado. No obstante, a últimas fechas había sufrido un notorio estancamiento. Tal parecería que la capital (pero escatimada y no documentada) influencia de Mauricio Lasansky (1914) en el grabado mexicano de los años 60 y 70 hubiese sido tan determinante que aún resultara insuperable. Los grandes cambios de las posvanguardias de la década de los 80 acontecieron aquí (aunque no sólo) en el género pictórico. Pero ahora que las posturas de algunos posvanguardistas consisten ya no en invocar la catástrofe como algo ineludible o incluso hasta deseable, sino en replantear críticamente algunos afanes modernos-cuya consecución, piensan, solamente es posible si hay mayor rigor y autoexigencia entre los hacedores de cultura-, cobra fuerza la obra del grabador Armando Eguiza, como puede apreciarse en la individual La Navaja en el Espejo que del 19 de octubre al 12 de noviembre del año en curso presenta en la galería de la planta alta del Centro Cultural San Ángel.

Sin duda, un aporte fundamental de Eguiza lo constituye el practicar primordialmente el grabado, con lo que contrarresta la primacía de la pintura y con lo que reafirma su postura posvanguardista crítica de recuperar aquéllo que del pasado todavía pueda ser de utilidad. Otro aporte radica en abrevar de la historia del arte para situarse del lado de quienes consideran a la modernidad como inacabada para, libre de paralelismos o determinismos estériles, señalar coincidencias entre el fin del siglo XIX y este fin de siglo y de milenio. En sus grabados se aprecian, no disimulados, elementos que provienen primordialmente de Goya (1746-1828), del Redon (1840-1916) heredero de Goya y de Ensor (1860-1949) grabadores, sólo que tales elementos han sido aprehendidos y no de hallan únicamente citados ni traspuestos (como si lo hubieran hecho los primeros posvanguardistas). Una aportación más puede hallarse en sus temas, tratamientos y actitud. La sordidez de los asuntos que aborda cuenta con enfoques de una mesurada perversidad, pero, lo que resulta más importante, evidencian una actitud lejana del pesimismo reaccionario y desmovilizador del que tanto gustaron sus antecesores posvanguardistas. El título mismo de la individual -que es el de una carpeta de estampas- genera evocaciones pues La Navaja en el Espejo puede ser desde la preparación de cocaína para su consumo hasta el reflejo invertido de un instrumento potencialmente agresivo o de trabajo.

Comentario específico merece el aspecto técnico de los grabado de Armando Eguiza. Una emulación u homenaje a los modernos de los que parte no hubiese podido ser congruente sin un uso diestro, decidido y audaz del repertorio técnico del grabado en metal y sin una pulcritud en la estampación. Este autor hace un manejo de su acervo y de sus procesos productivos para el que sí cabe aplicar el peligro -por confuso- término de "calidad". Hay calidad de factura en sus estampas y hay "dominio del oficio", características ambas que son obligación de cualquier artista pero que no todos logran adquirir.

 

 

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