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Marco Tulio Lamoyi

La emanación de lo orgánico


Cópula
Foto: 1997, Cibachrome

Por Víctor Sosa

Dentro de las ya tradicionales actividades de Fotoseptiembre, destaca la exposición de Casa Lamm, "La transparencia y sus reflejos", de Marco Tulio Lamoyi. Se trata de una serie de fotografías cibachrome color de amplio formato que exploran las posibilidades del lenguaje abstracto, e incluso pictórico, de la fotografía. Ese interés por enlazar dos discursos disímiles de las artes visuales -pintura y fotografía- se entiende si tomamos en cuenta que Lamoyi también es pintor y que ya en los años setenta utilizaba indistintamente los dos lenguajes haciéndolos confluir en un mismo soporte. Lo que, sin embargo, sí nos sorprende al enfrentarnos a esta exposición -conociendo la meticulosamente realista raigambre pictórica de Lamoyi- es la alternancia en un discurso abstracto de remarcables intensidades líricas. Lo lírico contrapuesto a lo geométrico. Lo lírico como manifestada emanación de lo orgánico.

 


Invocación
Foto: 1997, Cibachrome
 

Esta organicidad -literal y metafórica- comienza por lo que llamaré los recursos visuales de partida -semillas, frutos, peces, humo, agua; es decir, los materiales elegidos para la fotografía- hasta las metáforas visuales de llegada -las que emanando de la obra acabada disuelven el referente, el recurso, lo unidimensional de lo percibido y se abren a una gramática de las formas más que de los contenidos. Se abren, obviamente, a ese discurso de lo estético que todo trabajo artístico intenta alcanzar.

Lamoyi desactiva el vínculo, la lógica operativa y funcional entre el ojo y la fruta, entre el pez y aquél que lo percibe, en suma, entre el objeto y el sujeto. Desactiva el vínculo, pero no desaparece del todo el referente; éste se queda ahí, identificable a veces, reconocible en su paulatino desvanecimiento y resignificación.

Tal vez por esa prudencia ante el objeto, por esa contención que impide la absoluta desaparición de lo identificable, de lo real -semilla, fruta o pez- se salva eso que he llamado la emanación de lo orgánico, es decir, su aura viviente. Se salva a través de la metáfora. Se metaforiza: dice otra cosa.

 


Espejismo
Foto: 1997, Cibachrome
 
El Lamoyi fotógrafo hereda las lecciones que la pintura nos dictó en este siglo. Sus grandes fotografías nos remiten a los lienzos del expresionismo abstracto -Kline y De Kooning, sobre todo- pero decantados de esa extremosa espiritualidad del trazo y de esa canónica y candorosa idea de lo espontáneo como sinónimo de lo auténtico y valedero.

La fotografía por su intrínseco proceso de elaboración- impide esos excesos de efusividad, pero no por ello deja de abrirse a los influjos del azar y a las sorpresas de las siempre felices apariciones.

Algunas de éstas expresan un campo cromático puro: una gran extensión de amarillo o verde que nos induce a penetrarlo perceptualmente; y nos induce porque es profundo -nos crea esa ilusión, como la pintura renacentista nos creó la ilusión de la perspectiva.
Se materializa el color -es decir, éste adquiere dimensiones corporales- en muchos trabajos de Lamoyi. Sus campos de color se densifican, pesan sobre el plano, como si un lento vapor cromático, una espesa atmósfera cargada de pigmento invadiera la composición. Otra vez lo orgánico encarnando. El color es carne que se ahonda, que compite y no se diferencia de esas materias metamorfoseadas y metaforizadas del objeto. Podríamos decir que la mesurada disolución del objeto es directamente proporcional a la paulatina concreción del color, a la ilusoria densidad de lo cromático. En esa vital dialéctica de lo sutil, de lo orgánico y de los amplios páramos cromáticos, tiene lugar la abstracción fotográfica de Marco Tulio Lamoyi.

 

 

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