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Jesús Urbieta Testamentos

Perspectivas I


Cocodrilo, 1984

Teresa del Conde

Hay diferentes maneras de abordar los logros de cualquier artista notable o exitoso y una de ellas es intentar el análisis a través de su desarrollo individual, tomando en cuenta las influencias dominantes que sobre él se ejercieron. Aparte de tales influencias hay ciertas determinantes, indefinibles la mayoría de las veces, que son de carácter colectivo. Carl Gustav Jung (a quien acudo con mucho menor frecuencia que a Freud) las resumió en una palabra: Zeitgeist, término que se refiere al espíritu, al espectro, al ánimo de los tiempos. Por lo que a Jesús Urbieta se refiere, lo primero que podría aventurarse es que su nombre: Jesús, en cierto modo resultó determinante de algunos aspectos de su conducta. Sobre su psique actuaron tiempos muy remotos, (como los tiempos bíblicos) referidos a sus ancestros, vástagos de una cultura de tradición predominantemente oral, pródiga en leyendas y mitos. A esto se adhiere todo lo que percibió, aprehendió y experimentó durante la corta temporada que ocupó su vida.

 


Los perros, 1984
 

En la novela de su autoría Zeferino y su hermana Mariana Pombo, publicada por la fundación Guiée Xhúuba que el propio Urbieta instituyó y financió, dejó bosquejada en muchos aspectos su propia historia. Es el auténtico protagonista, aunque se valga de la figura de un amigo suyo que murió joven. Están allí los paisajes: mezquites, milperíos, la laguna, los hervores rojos y verdes de Juchitán, los framboyanes y tamarindos, las pieles de lagarto, el humo de las velas, las flores de mal agüero, el agua de sal y los organismos del mar. Todo lo que -traspuesto- aparece en su pintura arenosa y opaca a la vez que colorida. Pero más que eso, lo que permea esta narración estructurada en incisos como si se tratara de verso libre, son dos presencias inextricablemente unidas: el amor sexual despojado de platonismo, transmutado en flama y sangre, y la muerte. Una muerte que parece saboreada y que quizá sólo alguien como Bataille pudiera calibrar en su verdadera dimensión. 

Cansado divago sobre lo que creo eres,

sombra, mujer, palabra, boca, aliento de

lengua, ojos. Nada encuentro en este 

abatirse y cuánto deseo estuvieras

conmigo, más presente, más mía. Fuiste

creada y crecida en lo más recóndito de

la luz. Tardarás lo que un soplo. Muchas 

veces he visto tu falda más larga y tu 

cabellera más negra que la oscuridad de

tus ojos y me persigues, eterna muerte.

Jesús Urbieta. Zeferino y su hermana María

Pombo. Fundación Guiée Xhúuba. México,

Editorial Praxis, 1995, inciso XXV, p.29. 

Fue sumamente acertado incluir al artista objeto de este ensayo en la gran exposición "Hechizo de Oaxaca" cuyas directrices coordinativas estuvieron a cargo de Alicia Azuela con la colaboración de Rita Alazraki, entre otros. Como se recordará, se presentó en el MARCO y posteriormente en el Palacio de Bellas Artes. El libro-catálogo con ensayos de varios autores que se publicó contiene un ensayo de Rita Eder sobre la joven pintura oaxaqueña. En los párrafos que dedica a Urbieta, hace especial hincapié en el color. 

Intercambia el artista tonalidades hasta

llegar a una expresión emotiva en la que

se reúnen las teorías modernas del color

y su capacidad emocional, la cual

mezcla con prácticas rituales antiguas en

las que el color tiene una carga

definitivamente simbólica: representa el 

reino de la vida y de la muerte, la 

invocación a la magia propiciatoria. 

Rita Eder."Forma y sentido en la pintura joven 

de Oaxaca" En varios autores. Hechizo de

Oaxaca. México, Museo de Arte 

Contemporáneo de Monterrey, 1991, p.311. 

Pudiera pensarse que Urbieta ignoraba las teorías modernas sobre los efectos emotivos del color, teorías que pertenecen al ámbito de los estudios sobre la percepción visual, la Gestalt y la semiótica. Si es que las ignoraba (como ocurre con tantos artistas) no cabe duda de que las intuía. Era intuitivo, desde luego, pero también fue un hombre muy completo en cuanto a su formación intelectual: capaz de asimilar sinnúmero de conocimientos de toda índole, se inició como ingeniero civil, pasó después a desempeñar la función del topógrafo -y rastros de ello hay en su pintura aunque siempre eludió la visión "en ventana"- fue periodista, recopilador de música tradicional, guitarrista y cantador, traductor del zapoteco. 

"Jesús no sólo fue pintor, escultor y grabador, también se desempeñó como poeta, novelista, videoasta, promotor cultural, mecenas. Un provocador de cultura, uno de los más generosos artistas de su tiempo", anotó su entrañable amigo Carlos Martínez Rentería. (Carlos Martínez Rentería."Jesús Urbieta: la inaguantable pasión de la vida". La jornada, 22 de marzo de 1997) 

 


Personaje con perro, 1984
 

Tantas actividades realizadas de manera casi simultánea pudieran hablar de dispersión, y en cierto modo la hubo. Eso explica por qué Urbieta se bebió la vida en un sorbo, estaba dotado para muchas cosas, y desde su escala (escala que nunca perdió de vista) haciendo honor a su nombre, desarrolló una actitud mesiánica a través de la que intentó "redimir" todo lo que le estaba cerca, quizá como compensación a su perenne afición a la bebida, que se lo llevó a la tumba el día en que se inició la Primavera de 1997: día oficial en el que conmemoramos en toda la república al Benemérito de las Américas: Benito Juárez, quien fue responsable del incendio de Juchitán.

Alberto Híjar habló de un "juchiteco carnavalesco" en el texto de presentación para su exposición "Mar Pagano"(Alberto Híjar. Un juchiteco carnavalesco. En Mar pagano. Catálogo de exposición del mismo nombre. México, Galería Óscar Román, 1994), y no está mal el epíteto, es más, resultó profético, pues el carnaval es el equivalente de las saturnalia romanas, el carnaval es desenfrenado porque es víspera de penitencia, dura poco, sólo los dos días que anteceden al inmutable recordatorio "polvo eres, y en polvo te convertirás", después viene la cuaresma, a la que sigue la Pasión. 

La pasión de Jesús Urbieta no era la pintura, ni la escultura, ni el arte en general, con todo y que estoy hablando de un artífice sumamente dotado. Su tipo de pasión corresponde, creo, a la que describe Jaime Sabines en su poema "Los amorosos" cuando dice que éstos, los que aman, "andan como locos porque están solos, solos, solos, entregándose, dándose a cada rato, llorando porque no salvan el amor" y por eso siempre se están yendo hacia alguna parte. "Esperan, no esperan nada, pero esperan. Saben que nunca han de encontrar" (Las citas del hermosísimo poema de Sabines están tomadas de su antología "Otro recuento de poemas 1950-1991", México, Joaquín Mortiz, 1991, col. Serie mayor,p.42 y s). 

Urbieta no se asomó a través del espejo para encontrar a Urbieta. Al igual que Alicia (la de Lewis Carroll) intentó -sin lograrlo como sí sucedió con su contraparte de ficción- pasar a través de ese resquicio extraño que forma el límite del espejo al confrontarse con el espacio real. Allí se quedó el pintor mirando, y halló que lo que había del otro lado se desparramaba por todas partes. Estoy valiéndome de una construcción metafórica para explicar lo siguiente: si se observa un conjunto de sus pinturas de formato grande, se verá que no tienen límites precisos, pudieran continuar indefinidamente fuera del soporte que las cerca, a veces se antojan como el remolino, aunque contengan zonas que permanecen tranquilas. 

Ocasionalmente esas zonas se ven hostigadas por la silueta de un hombre oscuro o rojizo, quizá sea un chamán, en otras hay perfiles flanqueando los dos lados del cuadro, unas más ofrecen caretas ciegas con anteojeras de tlacuache que sin embargo observan, los dedos de las manos se convierten en tentáculos, los sexos están entronizados pero a la vez se encuentran amenazados, los organismos híbridos parecen inmersos en un agua densa de mares irreconocibles, féricos o peligrosos. Sus referencias a la naturaleza, a la fauna, a la flora, a los seres humanos, jamás son miméticas y sin embargo evocan atmósferas y ambientes en los que se intersectan, sin jerarquía, las presencias vivas. Las composiciones no intentan fundar un orden nuevo, nada más lejos de las intenciones de su autor que eso. El ornamento, efectivo, regulado, perfectamente imperfecto, podría decirse, es denso, articulado y tiene la función de cubrir espacios porque pese a las zonas tranquilas a las que me he referido, en la mayoría de las pinturas de caballete de Urbieta se percibe "horror vacui", cosa que no sucede en los gouaches y acuarelas. Diríase que casi todos los artistas de Oaxaca manejan con maestría y con suma soltura estos dos medios: Urbieta no fue la excepción, se vislumbra que se sentía como pez en el agua trabajando en papel, ya fuere en papel Arches o Ingres que en los hermosos papeles de amate que con frecuencia él mismo confeccionaba a partir de la pasta del amate. En el primer caso (papel común y corriente) al parecer dibujaba y pintaba para distraerse (no sabia estar quieto) daba poca importancia a lo que hacia y era frecuente que regalase este tipo de trabajos a sus familiares y amigos, porque tal vez no les confería aprecio: error de su parte, hay genuinas obritas maestras dentro de este aspecto de su producción.

 


Crustáceos, 1986
 

No ocurría lo mismo cuando trabajaba en papel hecho a mano o en papel de amate: aquí sus propósitos se dirigían a experimentar con la belleza del soporte, que le fascinaba. Incursionó también con los volúmenes, dando cuerpo de barro a los personajes que aparecen en sus cuadros. Al aislarlos los dotó de identidad fuera de contexto, y en ello evidenció un sentido del humor muy especial, alejado de la anécdota, pero no del propósito de connotar, que con frecuencia involucra aspectos sexuales. 

Cuando líneas atrás digo que no se propuso crear lenguajes inéditos (un orden nuevo), al mismo tiempo quiero decir que sus aciertos están precisamente en eso. Como artista se asumió modestamente pese al éxito y al reconocimiento que alcanzó y que data, creo, de su primera exposición individual de importancia que tuvo lugar en la Ciudad de México en la galería Rodríguez Caramazana, de trágico destino, a la que siguieron otras en la Galería Artdicré, cuyo propietario, José del Bosque Araujo, se convirtió en su coleccionista y amigo. Desde la época de los Caramazana fue sin embargo Óscar Román quien se convirtió en su principal promotor y en varios aspectos en su guardián. Todavía recuerdo las idas y vueltas que Jesús le hizo dar cuando montó su individual en la Torre del Reloj, que vi con sumo interés en compañía de mi hijo Guillermo, que también disfrutó de su amistad.

 


Mujer con gato, 1987
 
Los medios (la TV, los periódicos) lo atendieron siempre, y valdría la pena rescatar varias de sus declaraciones. La que por ahora interesa va en relación con el asunto iniciado en el párrafo anterior. En una entrevista que le hiciera Martha Ortega Nieto para el periódico "El Nacional" con motivo de su exposición en la Casa de la Cultura de Celaya (1996), coordinada por Moisés Argüello, ella le preguntó si se consideraba a sí mismo como pintor propositivo, es decir, como artista que realiza propuestas. Respondió así: "es difícil, si no es que imposible, tener y presentar nuevas propuestas". Propuso como ejemplo a Pablo Neruda que, según su criterio, bastante fue lo que tomó de Rabindranath Tagore (Calcuta, 1861-1941) añadiendo lo siguiente: "el cerebro es universal. Sufre un chino y un zapoteco y ríe igual un celayense que un juchiteco, el cerebro está hecho de lo mismo, el cerebro nos gobierna, dice qué hay que hacer"(Martha Ortega Nieto", Tierra anegada, lienzos que transmiten emociones de Jesús Urbieta en Celaya [crónica y entrevista]. México, El Nacional, 8 de septiembre de 1996).

 

 

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