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Fotografía en México

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Nicolás Triedo Rarámuri hombres de pies ligeros

Sala 3


Fariseos 2

Hemos tomado el paso y el gusto por las monturas: Balaju, Vértigo, Pegaso, Fino, Galilea, Toy, Muñeco y Black Shadow muestran su capacidad para trepar cerros en un terreno difícil. Los jinetes manifiestan su alegría, se trata para todos de un redescubrimiento, de la posibilidad de estar cerca de la naturaleza y de la gente que a nuestro paso nos saluda.

 


Misión de Cusarare

El fotógrafo, Nicolás Triedo, aprieta el paso para buscar las mejores tomas; para dejarnos atrás, sorprendiéndonos por su habilidad para conducir su montura. Mientras tanto Arriaga atiende los detalles: quién va ahí junto a él, quién en la retaguardia, pide que aflojen la rienda, que fulano se adelante, que cedamos el paso a un vehículo ocasional...

 


Fariseos 3

Después de tres horas de marcha llegamos a las cascadas, desmontamos para tomar agua e ir en busca de las truchas que nos esperan con todos los atributos de la gastronomía regional: almendradas, al cacahuate, en salsa verde, al chipotle... El ambiente es festivo, corren los minutos y se hace tarde, Nicolás Arriaga da la orden de retirarnos y nos falta el mismo trecho, ahora de regreso.

 


Paisaje 2
 
Cuando salimos, la tarde ya había caído, un bello cielo encendido presagiaba la baja de temperatura, muy pronto estaríamos cruzando arroyos, subiendo y bajando colinas, tras la ruta y los atajos que nos llevarán de nuevo hasta el Rancho Hípico San Nicolás. Arriaga conoce su trabajo y mantiene el ritmo que asegura el regreso sin contratiempos. La noche ya está sobre nosotros, el cielo nublado impide la visibilidad: no hay estrellas. Arriaga dice que no hay de qué preocuparse, pues los caballos, además de ver en la oscuridad, conocen el terreno, sólo hay que llevar la rienda lista para evitar sorpresas y no seguir a los duendes porque te hacen perder el camino.

Se adelanta mi montura de nombre Fino para cabalgar al lado de Vértigo, que conduce Nicolás Arriaga; en una vuelta del camino un haz de luz se desvanece junto a nosotros; jalo de la rienda y le pregunto a Nicolás: “¿De qué se trata?” Con voz tranquila me dice que es la cauda de la llorona. No lo pongo en duda y continuamos hasta llegar a San Nicolás, extenuados por la marcha que resultó por momentos interminable. Cuando llegamos al rancho le pregunté a Nicolás Arriaga: “¿Quién más como tú conoce estos caminos?” Y él me contestó: “Todo el mundo, pero nada más yo me acuerdo de todos ellos”.

 

 
Fuente: Fuente: México Desconocido No. 314 / abril 2003

 

 

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