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Fotografía en México

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Nicolás Triedo Rarámuri hombres de pies ligeros

Sala 2


Nacho
 

El recorrido sería largo, más o menos tres horas de ida y otras tantas de regreso, cerca de 30 o 32 km en total. Sobre la brecha los caballos tenían su propio dominio, cada uno marchaba bajo la rienda del jinete; indistintamente hacían la ruta hacia delante o hacia atrás, se detenían a la menor señal, no sabían a dónde íbamos y eso permitía disfrutar de manera individual del paseo y de sus atractivos.

 


Fariseos 1

Ya sabíamos, cuando decidimos venir, que Coatepec era un lugar extraordinario, que su nombre nació vinculado a la fertilidad de la tierra y que después de ser un asentamiento totonaco devino en una villa colonial dedicada a la producción de la caña de azúcar, tabaco y cítricos, para después, con los años, volverse famoso mundialmente por la calidad de su café, que aún se cosecha en la región. También sabíamos que Coatepec guardó por siempre ese sabor auténtico de las ciudades que no han perdido su identidad, y que en 1995 fue declarada zona de monumentos históricos.

 


Teweque

Alguna vez, en una visita casual a Coatepec, la neblina nos mostró un lugar excepcional donde el olor de los tostaderos invadía nuestros sentidos; fue una señal definitiva que nos ha hecho llegar hasta ahí una y otra vez. No tiene este breve relato la idea de presentar un panorama nostálgico. Al contrario, quiere ser una confirmación de que Coatepec y su territorio circundante siguen vivos, de color verde, cargado de humedad que invita a refrescarse y a galopar rompiendo el paso y las voces, impulsados por el gusto de estar cerca de su gente y de su naturaleza. Mucho ha de venir uno a descubrir en esta tierra, no sólo por el hecho de cabalgar, que eso es lo de menos, sino también para reconocer la importancia que tiene para la vida en nuestros días que se conserven estos lugares, lejanos por mucho, del desamparo de las grandes urbes.

 


Salto Blanco

Y seguimos nuestro camino por el bosque de liquidámbar que en ocasiones se estrecha hasta formar un pasillo de colores y flores; aquí y allá los oyameles, los encinos y los robles; nos sorprenden los izotes con sus tallos esbeltos que esperan el momento para llenar el bosque de flores. Las bromelias y las orquídeas se posan ahí donde la humedad les presta su casa. Cabalgamos sobre la pequeña cuenca del río Pixquiac cuando empieza a rondarnos el hambre. Nicolás Arriaga nos anuncia lo que será la comida al llegar a nuestro destino. Nos esperan unas sabrosas truchas empapeladas.

 

 
 
Fuente: Fuente: México Desconocido No. 314 / abril 2003

 

 

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