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Inda Sáenz

Tributo a la Mujer-Pintura


Artemisia Gentileschi como 

Por: Antonio Espinoza
Laberinto, Suplemento Milenio Cultural
Milenio Diario
23 de abril de 2005



Las pioneras

En El segundo sexo, el libro clásico sobre la mujer, el vademécum del feminismo, la escritora francesa Simone de Beauvoir señala que los hombres y las mujeres no han compartido el mundo en forma equitativa: "La historia nos muestra que los hombres han tenido siempre todos los poderes concretos; desde los comienzos del patriarcado han juzgado útil mantener a la mujer en un estado de dependencia; sus códigos han sido establecidos contra ella y de ese modo ha sido convertida concretamente en el Otro". En efecto, a través de los siglos, en prácticamente todas las civilizaciones, la opresión sobre la mujer ha sido constante. Considerada el Otro, un ser débil, inferior por naturaleza e incapaz de acto creativo alguno, necesario tan sólo en la medida que afirma el poder masculino, la mujer ha sido relegada a un segundo plano, obligada a realizar tareas "propias de su sexo" y colocada en una situación de sumisión humillante.

En un mundo dominado por los hombres, la mujer ha tenido muy pocas oportunidades para demostrar su creatividad y su talento. Por eso el arte, la ciencia, la filosofía, la literatura, la música, los descubrimientos, los grandes inventos y hasta los hechos bélicos (conquistas, guerras, rebeliones, revoluciones) son fundamentalmente obra masculina. Como dijo Virginia Wolf: el pensamiento occidental es una tradición marcadamente masculina, en la medida en que quienes lo producen y lo consumen son, en su mayoría, hombres. La literatura femenina, por ejemplo, se inició en la antigua Grecia con una poetisa lírica de altos vuelos, Safo de Lesbos, ¡pero tuvo que esperar 25 siglos para convertirse en algo cotidiano! Fue sólo a partir de la escritora británica Jane Austen (1775-1817), quien escribió sus primeras novelas a fines del siglo XVIII, cuando la literatura femenina comenzó a extenderse.

Algo parecido sucedió en las artes plásticas. El arte creado por mujeres también tardó mucho tiempo en aparecer. Es cierto que hubo mujeres artistas en la Antigüedad, pero los datos que sobre ellas nos ofrece el naturalista y escritor latino Plinio el Viejo en el libro XXXV de su Historia Natural, son mínimos. La verdad es que las primeras artistas de la historia cuya existencia está avalada con documentos y datos precisos y con obras firmadas, surgieron en el siglo XVI. Varias de ellas, por cierto, fueron incluidas en la segunda edición de las Vite (1568), la obra monumental del arquitecto, pintor e historiador italiano Giorgio Vasari. Aquellas mujeres asumieron plenamente su vocación artística, con todos los riesgos que implicaba.

La escultora boloñesa Properzia de´Rossi (1490-1530) fue la primera artista que desafió abiertamente el monopolio masculino del arte. A ella siguieron pintoras como la cremonesa Sofonisba Anguissola, la boloñesa Lavinia Fontana, la veneciana Marieta Robusti y las flamencas Caterina van Hemessen y Levina Terlinc, quienes destacaron en la segunda mitad del siglo XVI. La Anguissola y la Fontana vivieron parte del XVII (la primera murió en 1625, la segunda en 1614). Otra pintora, la triestina Fede Galicia, nacida en 1578, inició su carrera a fines de ese siglo y permaneció activa tres décadas de la siguiente (murió en 1630). La romana Artemisia Gentileschi, la holandesa Judith Leyster y la boloñesa Elizabetta Sirani, por su parte, realizaron su obra pictórica ya completamente en la última centuria.


Yo soy la pintura

Año de 1630. Artemisia Gentileschi se establece en Nápoles. Tiene 37 años de edad. Goza de fama y fortuna. Es toda una celebridad. De esa época data una de sus obras más significativas: Autorretrato como Alegoría de la Pintura, en la que se representa como la personificación femenina de la pintura, otorgándose a sí misma todos los atributos de ese oficio artístico. Según la historiadora de arte Whitney Chadwick, este autorretrato alegórico es un comentario sobre un tema filosófico de la teoría del arte del Renacimiento tardío y pertenece a una tradición en la que la pintura se identifica como una de las artes liberales. Una figura alegórica es al mismo tiempo una imagen propia. Por primera vez en la historia, una mujer artista se presenta como el acto mismo de pintar. Yo soy la pintura, nos dice Artemisia en ese cuadro.

Artemisia Gentileschi (Roma, 1593-Nápoles, 1652) se formó como pintora en el barroco de la Contrarreforma. Lo hizo bajo la batuta de su padre, Orazio Gentileschi, e impulsada por la admiración que profesó siempre a Michelangelo Merisi da Caravaggio. Continuadora de la tradición tenebrista (con sus contrastes violentos de luz y sombra) y del brutal realismo caravaggesco, Artemisia logró un éxito mayor que el de su padre, una fama inusitada para una mujer artista de su tiempo. Recibió numerosos encargos y contó con el mecenazgo y el patrocinio de la nobleza. Artemisia, sin duda alguna, fue una pintora que se ganó a pulso un lugar en la historia por sus incuestionables aportaciones artísticas.


Tributo

A raíz de la lectura del libro de Whitney Chadwick: Mujer, arte y sociedad (1990), Inda Sáenz se interesó en la figura de Artemisia Gentileschi. La pintora mexicana ha confesado que desde entonces la maestra barroca se convirtió en su "heroína secreta". Por eso decidió en un momento rendirle tributo y copiar algunos de sus cuadros, entre ellos el célebre autorretrato alegórico. En el cuadro Artemisia Gentileschi como alegoría de la pintura (óleo/tela, 2004), Sáenz respeta la composición y el cromatismo de la obra original. La imagen de Artemisia como figura alegórica aparece en la misma posición y con todos los elementos que incluyó la pintora caravaggista: la cadena de oro, la máscara colgante, el vestido de colores cambiantes, la paleta y el pincel. Nada había que cambiarle al cuadro. Si Artemisia se sentía la pintura en persona, había que respetarla.

Inda Sáenz (Ciudad de México, 1957) ha copiado también otros cuadros de pintoras. Inició esta aventura como un proyecto específico hace tres años. Lo hizo para rendir homenaje a aquellas artistas, valorar su obra y traerlas al presente. Así, ha copiado obras de maestras como Sofonisba Anguissola, Marie Bashkirtseff, Natalia Gontcharova, Judith Leyster, Gabriele Münter, Clara Peeters, Suzanne Valadon y Elisabeth Vigée-Lebrun, entre otras. Pero Sáenz no siempre copia fielmente las obras, a veces incluye elementos que no se encuentran en la obra original. Por ejemplo, en Angelica Kauffmann con antigüedades grecorromanas (óleo/tela, 2004), copia un célebre autorretrato de la pintora y dibujante suiza pero lo subvierte al incluir en la parte derecha del cuadro una serie de objetos de la época clásica.

Con motivo del Día Internacional de la Mujer, Inda Sáenz participó en un diálogo público en el Museo Universitario del Chopo. Ella y cinco creadoras más (Isabel Beteta, Dolores Castro, Rocío Maldonado, María Novaro y Marcela Rodríguez) hablaron el pasado 9 de marzo sobre las condiciones en que han desarrollado su obra. Asimismo, en una pequeña sala se exhibieron los cuadros de Sáenz sobre mujeres artistas. Con el título de Maestras, discípulas y alegorías, la exposición incluyó veinte óleos y tuvo una evidente intención didáctica. Incluso, en el espacio donde fue montada la obra se colocaron una cédulas especiales con textos de la pintora que contenían datos precisos sobre las obras originales y sus autoras. La muestra duró sólo dos semanas, pero existe la posibilidad de que próximamente viaje a provincia. Ojalá así sea.

 

 

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