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Pólipos y Formasordas de Mauricio Sandoval. Una antología orgánica, en el Museo de Arte Carrillo Gil

 

2017-04-21

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<i>Pólipos y Formasordas de Mauricio Sandoval. Una antología orgánica</i>, en el Museo de Arte Carrillo Gil

Foto: Mauricio Sandoval, Vértigo, 2016. Óleo sobre tela. Cortesía MACG/INBA

La exposición Pólipos y Formasordas de Mauricio Sandoval. Una antología orgánica, que presenta el Museo de Arte Carrillo Gil, reúne una sólida y consistente obra integrada por más de cien pinturas, dibujos y objetos creados por el artista mexicano entre 1988 y 2016, que muestra su desarrollo creativo a lo largo de diferentes etapas.

 

La exposición no está estructurada lineal o cronológicamente, sino que muestra, en conjunto, una antología orgánica de su trabajo. La curaduría, a cargo de Guillermo Santamarina, se hizo a partir de un criterio temático que busca mostrar una cierta confluencia, una constante en la obra del artista, que parece fluir en un movimiento continuo que no se detiene. La museografía está concebida bajo la misma propuesta curatorial. Por ejemplo, la serie más reciente de pinturas de grandes formatos, está situada u ordenada en un espacio circular que permite al espectador aprehender esta continuidad y  fluidez; verse sumergido en una especie de vorágine en la que se entrelazan texturas y colores predominantemente verdes y azules, contrastados a veces sobre blancos o negros, que dan una sensación de profundidad e integración en este universo pictórico tan dinámico y rico.

 

La obra pictórica de Mauricio Sandoval se ha caracterizado por el uso de materiales como la pasta de pigmentos y aceites, linos, algodones, carbones, madera y papel, que se fusionan en ritmos y alteraciones esgrimidos por pinceles y brochas.

 

Para la realización de sus obras Mauricio Sandoval se ha inspirado en mitos antiguos y en elementos poéticos y simbólicos donde encuentra referentes que son reinterpretados a través de su lenguaje propio, como por ejemplo, la obra literaria La diosa blanca, de Robert Graves.

 

Mauricio Sandoval se ha especializado en el estudio de elementos orgánicos como los pólipos,  materializándolos en su producción artística. En el mundo de la zoología, los pólipos son animales que pertenecen al grupo de los celentéreos cnidarios, con aspecto de saco rodeado de tentáculos y una especie de ventosa en uno de sus extremos. Para la medicina, son tumores que se desarrollan en membranas que se encuentran en distintas cavidades del cuerpo. En mitología eran seres ctónicos: dioses o espíritus del inframundo.

 

La palabra formasorda que también da nombre a la muestra, es un neologismo acuñado por el pintor que también expresa el vínculo entre la palabra y la imagen, sobre todo la palabra poética, la metáfora, elemento sustancial en la obra de Mauricio Sandoval; formasorda es una masa compuesta  por la conjunción de materia definida por colores, texturas y poética: “La descripción perfecta del aura que precede a una crisis epiléptica”, o “un pasear en el galope errático de nuestros sentimientos, pensamientos e ideas, nunca/siempre en balde”.

 

La muestra cuenta con la colaboración e intervención de los poetas Ricardo Castillo y Luigi Amara, quienes produjeron textos que aluden a la obra de Sandoval, así como una pieza sonora que acompaña el espacio de exposición. La reunión de las más de cien obras fue posible gracias al apoyo de instituciones públicas y privadas.

 

Mauricio Sandoval nació en Aguascalientes, México, en 1960. Es un artista con una trayectoria de más de 30 años y es reconocido ampliamente en el panorama cultural nacional. Ha participado en numerosas exposiciones individuales y colectivas en instituciones públicas y privadas. Ha sido premiado en certámenes institucionales de dibujo y pintura. En 1985 fue ganador en el Encuentro Nacional de Arte Joven y en 1988 del Premio Nacional de Dibujo. Fue miembro fundador del Espacio de Artistas ZONA (1993-1995). Su obra forma parte de las colecciones Sergio Autrey y de Pérez Simón, además de otros acervos privados en Estados Unidos y Suiza. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores del FONCA.

 

Con esta exposición, el Museo de Arte Carrillo Gil ratifica su programa de reconocimiento a aquellas trayectorias artísticas que enmarcan el arte contemporáneo en México. Con motivo de esta muestra el museo ha preparado un programa de actividades paralelas para involucrar al público y buscar diálogos entre este y la obra en exhibición. Se llevará a cabo el conversatorio “Poética y generación espontánea en la obra de Mauricio Sandoval” y paralelamente se impartirá el taller “El trabajo interno del color”.

 

Pólipos y formasordas de Mauricio Sandoval. Una antología orgánica, permanecerá en el MACG hasta el 18 de junio.

 

Una antología poético-orgánica

Guillermo Santamarina

 

Mauricio Sandoval me condujo hacia la Diosa Blanca del escritor británico Robert Graves, y no me parece inapropiado considerar que, con lo que llevo leído de esa gruesa obra, pueden ser expresadas algunas concomitancias o eventuales deducciones que pueden venir al caso... O por lo menos en una flexión subjetiva, la de quién ahora escribe esta presentación, con un enlace que es radicalmente respetuoso a todas y cada una de las versiones de tono personal que deberán surgir en el paréntesis que demarca esta exposición.

 

Ese libro de muchas páginas es una monumental recopilación de datos sobre mitos y religión en culturas arcaicas y clásicas, así como de fantasías compartidas en comunidades regadas por distantes geografías. También es, por voluntad bizarra del autor, una “gramática histórica del mito poético”, y en efecto, un laberinto donde la ambición de precisar los ejes tradiciones orales, flotando milenariamente, se topa (una y otra vez) con la naturaleza viscosa, estrábica, indócil, y también quebradiza, de la poesía, férreamente abrazada a ese coma utópico.

 

Con esta muestra del exuberante finiquito que ve condensada mucha energía de Sandoval, como también bastante estudio esmerado de los materiales concernientes (color, pasta de pigmentos y aceites, linos, algodones, carbones, madera, papel que se fusionan en ritmos y alteraciones esgrimidos por pinceles y brochas), corpus poderoso de curvas entroncadas, más o menos, con sus particulares momentos de “predicamento evolutivo”. En el tratamiento diligente pero también delicado, que despoja el original de algunos excesos eléctricos para integrar catálisis somática, y en efecto, derivar en pólipo quimérico. Poco que añadir a un celentéreo como hay pocos en las últimas profundidades de un nenúfar, o de un mar de sangre que igual es un autorretrato de la muerte que es la vida en su carrera.

 

O, no sobra acreditar, en la experiencia del pintar y dibujar a la que Sandoval se ha abandonado, también su templada conjunción de paradigmas que desde la literatura (los cosmos del imaginario y la mitología), la música (el blues y el rock), y el arte contemporáneo (buscando y discriminando sincronías), él mismo explora, hurga, cuestiona, significa y converge en nuevos cuerpos. En correspondencias a la reincidencia del influjo, hechizo de la pintura, que también, en este caso, será confluyente tanto de experimentación tenaz (en valiente desafío a una sintaxis visual inflexible, o incluso repudiando a la condición yerta de un estilo categóricamente “palmario”), como de una dilatación de mundología, algo de mística, y en fin, hacia la conquista de formasordas: eso que no es del todo diferente, e incluso resulta similar, a una “gramática histórica del mito poética / pintura”, asociando en probable consecuencia, las obsesiones de Graves en pos de su Diosa Blanca.. Que en Sandoval es Multicolor. La Diosa Blanca –intentó explicar Graves– esencialmente argumenta que la poesía, toda la poesía, tuvo su origen en encantamientos mágicos y sagrados cargados de poderes adivinatorios y proféticos. Su única función fue la de servir como invocación religiosa a una Diosa–Musa que presidió abiertamente –bajo variados nombres de distintas deidades– en los albores de las primeras culturas, y que la institucionalización del patriarcado ocultó (después del reino de su hijo Apolo, más o menos en el siglo VIII a.C.) del mundo occidental contemporáneo.

 

La Diosa Blanca son los inventos a los inventores o la música a los músicos – explicó Graves. La revelación desde un pensamiento “proléptico” que Mauricio Sandoval, como Graves, enciende mediante la suspensión del tiempo, y por las intuiciones orgánicas exaltadas en un método deductivo, singular, insólito, pero también accesible y universal. O quizá mediante un pensamiento “analéptico”, capaz de recuperar el tiempo, el legado mítico, la poesía, o la pintura heroica, recurriendo precisamente a la suspensión del tiempo normativo.

 

Los poetas –¡y los pintores!- me entenderán –dijo Graves, no en vano la Musa de los griegos llevaba el nombre Mnemosina o Memoria. Con esta exposición, el Museo de Arte Carrillo Gil es una arteria hacia un levantamiento (por cierto, nada fácil, dada la cantidad de obra generada en este periodo, y por las inevitables limitaciones espaciales) de los cuatro o cinco ciclos por donde Mauricio Sandoval fluyó durante los años que lleva este siglo veintiuno.

 

En este recuento de una muy notable trayectoria, ésta libre circulación a estos loops biológicos y alquímicos, como yo mismo dije en otro trance exacerbado delante del cosmos de Mauricio Sandoval: fuguemos hacia al mantra al que se condena el ojo para alcanzar una suerte de iluminación. A la marcha soberana del musgo y el vapor (y de la sangre y el pestañeo). Que se eleven libres los gases (y babas...) de intemporalidad. Que permanezcan las marcas de un desovar... si no eternamente, por lo menos un rato más.

 

Proyecto apoyado por el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes.

 

Autor/Redactor:Redacción Artes e Historia México
Editor: Manuel Zavala Alonso

Pólipos y Formasordas de Mauricio Sandoval. Una antología orgánica

 

 

 

 

 

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