Cultura digital

Manifestaciones de hologramas y mercantilización del activismo

 

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Manifestaciones de hologramas y mercantilización del activismo

 

por David García Aristegui y Laura Tejado Montero para la Revista 404 del Centro de Cultura Digital. 

Hace pocos meses las redes sociales se vieron invadidas de entusiastas comentarios hacia la iniciativa lanzada por la asociación No Somos Delito; se trataba de la primera convocatoria a una manifestación de hologramas: "el futuro nos alcanzó y estamos aquí para presenciarlo", parecía ser la opinión generalizada, pero ¿es esta la panacea de la tecnología y el activismo?

 

“Es difícil animar a la gente a pensar en luchas prolongadas, en movimientos prolongados que exigen intervenciones organizadas con mucho esmero y que no siempre dependen de nuestra capacidad de convocar manifestaciones. […] Internet es una herramienta increíble, pero también puede animarnos a pensar que somos capaces de provocar movimientos instantáneos, movimientos modelados a imagen de la entrega de la comida basura.”

Angela Davis

 

 

Hologramas de vivos y muertos

 

El rapero superventas Tupac Shakur fue tiroteado en 1996 en Las Vegas y murió a los pocos días en el hospital. En 2012 a alguien le pareció una buena idea realizar una resurrección digital para el festival Coachella: un holograma de Tupac apareció en el escenario junto al Dr. Dre y Snoop Dogg para cantar temas como “Gangsta Party”. Más recientemente The National Comedy Center anunció la intención de realizar espectáculos con hologramas de comediantes fallecidos como Bob Hope. Como si algún medio recuperara para su programación a Cantinflas en su versión tecnológica, vaya. Ya en 2005 el diseñador Alexander McQueen hizo desfilar un holograma de Kate Moss sobre la pasarela de París. Y, de rebote, pronto tendremos la versión cinematográfica de Jem and the Holograms, una popular serie de dibujos animados de los 80 que narraba la historia de un grupo pop de chicas quienes utilizaban de manera intensiva hologramas en sus actuaciones.

 

La primera manifestación de hologramas de la historia

 

La plataforma No Somos Delito organizó a través de la página hologramasporlalibertad.org la primera manifestación de hologramas de la historia. Gracias a la ubicuidad de dispositivos caseros de captura de video, un número significativo de ciberactivistas pudieron generar hologramas de sus cuerpos para sumarse a la protesta virtual contra la conocida como Ley Mordaza (Ley de Seguridad Ciudadana) una propuesta de ley lanzada en España que recrudece las penas para muestras clásicas de protesta. Según No Somos Delito: “su aplicación supone un grave atentado hacia derechos propios de una democracia como son la libertad de expresión o la libertad de reunión pacífica […]. Prohibir las manifestaciones ante parlamentos constituye una restricción desproporcionada de la libertad de reunión. Lo dice el Relator especial de Naciones Unidas. La Ley Mordaza prevé multas hasta de 30.000 euros por manifestarse frente al Congreso”. La manifestación de hologramas buscó llamar la atención sobre las leyes ad hoc aprobadas por el gobierno conservador del Partido Popular para dificultar el torrente imparable de manifestaciones que se han producido en Madrid y otras partes del Estado español desde el estallido de las protestas ciudadanas de los “indignados” que tuvieron como hito fundacional el 15 de mayo de 2011 y la posterior acampada en la plaza de la Puerta del Sol de la capital.

¿En la calle o en la red? Un caso de éxito desde los feminismos

 

El feminismo fue de los primeros movimientos sociales en abrazar con entusiasmo las posibilidades teóricas que se derivaban de la generalización de Internet. Mientras otros grupos de la izquierda clásica veían con suspicacia las transformaciones en las maneras de intercambiar información, autoras como Sadie Plant, Donna Haraway o Rosi Braidotti consideraban la virtualidad una posibilidad para escapar de la sujeción del cuerpo femenino. No obstante, el interés por el ciberfeminismo pronto quedó relegado a ciertos seminarios en museos de arte contemporáneo y, paradójicamente, el movimiento feminista en España no se caracterizaba, en general, por su uso intensivo de las nuevas tecnologías.

 

La fase del desarrollo de Internet caracterizada por la expansión de las redes sociales sí ha calado con mayor fuerza en el movimiento feminista. Revistas, programa de radio, memes de humor, colectivos de concienciación e incluso ONGSy organismos oficiales se han valido de sus perfiles en Facebook y Twitter con el objetivo principal de difundir su mensaje y ampliar el poder de convocatoria. Como efecto derivado, la multiplicación de perfiles que se autodefinen como feministas ha logrado visibilizar y fortalecer las alianzas bajo el concepto de #FeminismoEnRed.

 

Sin embargo, los feminismos no han abandonado las calles al dar el salto a la red. La campaña No me llamo nena, que denuncia el acoso callejero cotidiano, surge vinculada a lo hiperlocal, en este caso al centro social La Eskalera Karakola del barrio de Lavapiés en Madrid. La calle Embajadores y aledaños aparecieron llenas de imágenes en blanco y negro de mujeres que miraban desafiantes a cámara y sostenían una pancarta con su mensaje contra el acoso. De forma simultánea, se animaba a que otras personas se sumasen a la iniciativa compartiendo imágenes similares en las redes sociales.

 

Uno de las campañas que con más éxito ha combinado el activismo en la calle, en la red y en las instituciones es la realizada por la plataforma Mujeres ante el Congreso, en defensa del derecho a la interrupción voluntaria del embarazo. Su acción fundacional, que da nombre al colectivo, tiene lugar en 2009 cuando el gobierno del Partido Socialista anuncia su intención de modificar la ley vigente. Entonces solicitan comparecer, en tanto que sociedad civil, ante la comisión parlamentaria encargada de la tramitación de la reforma. Este tipo de propuesta de incidencia política es muy poco utilizada por los movimientos sociales en España.

 

En enero de 2012 el gobierno, entonces del Partido Popular, anunció que modificaría la ley vigente para hacerla “más restrictiva que la de 1985”. Esto provocó que todos los grupos feministas centrados en los derechos sexuales y reproductivos iniciasen un intenso trabajo de agitación en las calles y las redes. Además, Mujeres ante el Congreso continuó exigiendo reuniones con todos los grupos políticos que formaban parte del Parlamento y con el departamento del Gobierno responsable de la propuesta, para presentar sus demandas. Entre julio de 2012 y septiembre de 2014, decenas de concentraciones, actos, escraches y manifestaciones tienen lugar sólo en Madrid capital. Algunas de ellas acaban con activistas detenidas y otras heridas, mientras que otras acciones, como el llamado Tren de la Libertad, son masivas y pacíficas. Las razones de la retirada de la reforma de la ley del aborto son complejas y están marcadas por la agenda electoral pero la acción coordinada del movimiento feminista en todos los frentes fue un factor más.

Publicidad y política

 

No hay organización ni movimiento social que no desee, de una u otra manera, salir en los medios, y los feminismos antes aludidos no son una excepción. En las antípodas políticas, se  llega a extremos como los del infausto Estado Islámico, que organiza decapitaciones simplemente para que los telediarios abran con esas imágenes. Por otro lado, lo que antes llamábamos contrainformación y que se desplegaba a través de servidores alternativos y herramientas colectivas como los Indymedia ahora se realiza, sin ningún tipo de reflexión, a través de redes sociales corporativas como Facebook o Twitter. En Tenemos que hablar de Facebook el colectivo alemán Nadir reflexionaba en el 2013 sobre el panóptico voluntario en el que se ha convertido el ciberactivismo: “todavía tenemos la esperanza de que la gente se de cuenta de que Facebook es un enemigo político y de que aquellos que usan Facebook la hacen más y más poderosa. Los usuarios activistas de Facebook alimentan a la máquina y de este modo revelan nuestras estructuras (sin ninguna necesidad, sin ninguna orden judicial, sin presión alguna)”.

 

La izquierda y los movimientos sociales europeos parecen haber seguido un movimiento pendular. De una militancia de gran compromiso y donde, por lo menos en la práctica de la desobediencia civil, el poner el cuerpo era algo fundamental se ha pasado a un activismo diseñado por publicistas. Es como si los postulados de Greenpeace, cuyas prácticas espectaculares se han ido refinando a lo largo de los años, hubiesen muerto de éxito. La manifestación de hologramas es el paradigma de todo esto. Hay que aclarar que no tiene per se nada de malo que los publicistas se dediquen a echar una mano a los movimientos sociales, ya que es de sobra conocida la histórica incapacidad de buena parte de éstos para diseñar carteles, organizar cursos o proponer acciones que resulten atractivas para alguien que no esté ya fuertemente involucrado en la causa. En este sentido, la manifestación de hologramas, ideada por creativos publicitarios, llega en un momento en el que el activismo político, en todas sus modalidades, está totalmente atravesado por el consumismo. Se consumen opciones políticas y movimientos sociales de la misma forma en que se consumen redes sociales1, siguiendo el ritmo general impuesto por el turbocapitalismo.

 

Esta lógica mercantil parece haberse inscrito en el ADN de los movimientos sociales y organizaciones políticas, obsesionadas de un tiempo a esta parte con la presencia en redes y con la dimensión mediática de sus actividades y propuestas. Community managers y diseñadores web asumen ahora la centralidad que antes poseían teóricos, ideólogos y activistas con experiencia en las acciones de calle. Importa más que una acción sea trending topic que los objetivos de la acción en sí, en un extraño contexto donde se está renunciando al eje clásico derecha-izquierda para intentar llegar a amplias mayorías. Lo cuantitativo en política se ha tragado a lo cualitativo y se confunden éxitos mediáticos con éxitos políticos. De la manifestación de hologramas se habló mucho, principalmente en medios de comunicación nacionales y extranjeros, pero no tanto de las causas que la originaron. Y después del éxito mediático… ¿qué?

 

Parece que a los movimientos sociales cada vez les cuesta más articular campañas sostenidas en el tiempo. Las rápidas mutaciones del movimiento de los “indignados” son una muestra más de esta lógica mercantil. Cuando los medios dejan de prestar atención, el músculo organizativo y el fervor activista desaparecen. Después de hitos como el movimiento popular de paralización de desahucios, las manifestaciones de “asaltos” simbólicos al Congreso o la actual fiebre electoralista en la que se han volcado quienes hasta hace muy poco renegaban de las instituciones, queda la duda de cuál será la siguiente parada en esta loca carrera de mediatización de las protestas.

 

A pesar de los más de mil millones de usuarios activos en Facebook, del incremento de tuits con contenido social y político o de la espectacularidad –innegable– de las manifestaciones de hologramas, los problemas de desigualdad y discriminación siguen tozudamente anclados en la materialidad de los cuerpos. Esta realidad, incómoda para un capitalismo que ha adoptado como penúltimo disfraz el ensalzamiento de lo inmaterial, nos sirve de moraleja: no dejemos las protestas en las manos de las agencias de publicidad.

 

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