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Jueves, 04 de agosto de 2016

Das Auto
Escrito por Ernesto Zavala

Texto Sobre "El Altar de Dolores" de Betsabeé Romero

San Idefonso

(Publicado en Metapolítica Enero-Marzo 2015)

Un Automóvil de Carreras

Es más hermoso que la Victoria

De Samotracia

F. T. Marinetti

 

El auto completo o en piezas, es el elemento que integra gran parte de las obras de Betsabeé Romero. Si bien no es el único debido a que trabaja con gran cantidad de objetos cotidianos, el auto y específicamente sus llantas, llevan, transportan el sentido. Las llantas son una de las grandes incógnitas y apuestas que ofrece al observarlas  en contextos inesperados. 

 

El auto es un objeto, una máquina con la que se interviene el espacio para llegar a otra parte. Es un ícono de movilidad y modernidad desde principios del siglo XX, ya desde Marinetti el auto era fuente clara y abundante de inspiración, obra de arte en sí mismo.

 

¡Dios vehemente de una raza de acero,

automóvil ebrio de espacio,

que piafas de angustia, con el freno en los dientes estridentes!

¡Oh formidable monstruo japonés de ojos de fragua,

nutrido de llamas y aceites minerales,

hambriento de horizontes y presas siderales

tu corazón se expande en su taf-taf diabólico

y tus recios pneumáticos se hinchen para las danzas

que bailen por las blancas carreteras del mundo!

                                                            A mi Pegaso F. T. Marinetti

 

El auto, objeto que devino cada vez más cotidiano, extensión del cuerpo y de las pasiones, proyección de Extraños Placeres, redefine nuestros horizontes y la forma de alcanzarlos. Betsabeé Romero recuerda un poco la forma peculiar  de Bradbury o Einstein  de lidiar con la velocidad y el espacio al no tener gusto por manejar o predilección por poseer un auto. Ella, incluso, revierte los papeles y se deja conducir por los autos. Su aproximación al tema se da en una cultura donde el auto forma parte del imaginario, del inconsciente colectivo, de la civilización.

 

 

La obra de Betsabeé Romero confronta la idea que tenemos del auto desde la propia literalidad: la inmovilidad en el tráfico de la urbe, el anhelo de migración, los espejos esmerilados, toldos alrededor de una fuente, llantas grabadas para imprimir con ellas, los arcos de la Mezquita Urbana o los arcos del Altar de Dolores.  Betsabeé Romero hace estallar esa zona de confort encapsulada en el auto.  La llanta puede ser vista entonces como paradojadel movimiento y la inmovilidad.

 

 La rueda, como el signo, delimita el perímetro de un vacío. Como forma geométrica el círculo es una pieza clave de la caja de herramientas mental de la humanidad. En el auto la rueda se combina con el caucho  adquiriendo tracción y elasticidad. Betsabeé Romero separa y recombina las partes con diversos elementos, espacios y sorprendentemente, por efecto plástico de elasticidad, no deja de ser un auto. Estira el concepto mediante la creación artística en el espacio y en el tiempo.

 

Algunas de sus obras son monumentos de la historia por varios motivos. El Sedán de VW, por ejemplo, auto emblemático quedó ya descontinuado: “A la par con el anuncio en Fráncfort, un portavoz de la filial en México de Volkswagen dijo que el último "escarabajo" saldrá de la línea de ensamble de la nave número 28, en la planta de Volkswagen en la central del estado de Puebla, la única que lo fabrica desde 1996”. La última edición del sedán fue la 2003, un auto emblemático desde la segunda guerra mundial, cuya producción y ensamblaje concluyeron en México. El Sedan es parte de la iconografía del siglo XX inmortalizado en muchas piezas de arte, algunas emblemáticas por Betsabeé Romero. Sin duda la obra de arte más efímera tiene semillas de inmortalidad, otra forma de trascendencia: terrenal. ¿Qué sucede cuando se interviene un espacio litúrgico?

 

El Altar de Dolores parecería, por la riqueza y variedad de sus elementos, no estar tan directamente relacionado con el auto si bien los arcos señalan hacia esa firma de Betsabeé, pero el auto está ahí. Vehículo, ahora a través de la cosmogonía, que transporta desde lo imaginario hacia lo real otra vez. La influencia de los Altares de Muertos prehispánicos es de gran importancia en la manufactura de la instalación presentada en San Ildefonso como señala la propia Betsabeé Romero combinada además con la propia tradición del cristianismo virreinal. La instalación adquiere actualidad específica pues: la Madre “Dolorosa” representa a las madres que han perdido a sus hijas en aquel escenario ominoso de feminicidios en el norte del país. Lo inexplicable y desproporcionado de tal afrenta nacional es que, pese a su magnitud, es también ignorada. El arte de Betsabeé Romero es un rescate del olvido y del anonimato. Carga de sentido la impotencia y materializa el anhelo de resurrección. La Mujer, la Madre, la Dolorosa son el Vehículo y ahí se recupera el auto cuyas partes son igualmente leídas, intervenidas. Hay lágrimas de cristal, peticiones, becerros cargados de semillas y papel picado. La mujer es el vehículo.

 

El Altar de Dolores es también una metarquitectura que  recuerda a las Cariátides, columnas griegas con silueta de mujer que estaban condenadas a sostener el techo de los templos. LasDolorosas serían columnas, vestigios, de cierto derrumbe en nuestra civilización. La frase que inmortalizó Tazio Nuvolari el corredor de autos de carreras: “Donne e Motori, Gioie e Dolori enuncia la paradoja que reúne a la mujer y al auto afirmando la posteridad: “Mujeres y motores, alegrías y dolores”. Esa paradoja se encuentra en la obra de Betsabeé Romero, incluyendo al Altar de Dolores. Es una afirmación de la permanencia en la tierra antes de cualquier promesa de vida más allá de la vida misma; la materia se antepone al espíritu; el arte es la expresión hasta de lo innombrable, lo inefable, el Primer Motor.

 

Ernesto Zavala

D.F. 2015



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