Blogs Artes e Historia México

compartir en facebook  compartir en twitter

 

Jueves, 04 de agosto de 2016

Fernando Gómez, la mirada en travesía
Escrito por Manuel Zavala Alonso

Laberintos urbanos que manifiestan desolación, abandono, injusticia y la desesperanza sin fin de los desprotegidos son recreados en las imágenes del artista visual Fernando Gómez. Utilizando la fotografía como medio para el testimonio crítico y para documentar la ignominia, este artista recorre las ciudades con una mirada inquisitiva que busca evidenciar las claves de los contrastes sociales.

 

A Fernando Gómez no se le puede catalogar como un fotógrafo documental, ya que sus imágenes no contienen el perfil del foto-reportero. Sus estampas son producto de una travesía que visita los rincones de la condición humana, pero siempre aparecen filtradas por la sensibilidad del artista que las carga, no solamente de los códigos esteticistas que las hacen ser bellas, sino de conceptos que van más allá de la simple denuncia. Lo panfletario queda a la vera del camino para dar paso –de manera permanente– a imágenes que son atemporales y siempre vigentes.

 

Fernando Gómez, la mirada del taxista

 

Las travesías de la mirada de Fernando Gómez, son producto del ejercicio profesional de éste al volante de un taxi en la ciudad de Monterrey. El sustento de su obra está fundamentado –por el momento– en ser taxista; de hecho, su trabajo se da a conocer como la visión del taxista-fotógrafo, y no fueron pocos sus retratos desde la perspectiva espacial donde se ubica el chofer: fotografías que incluyen partes del manubrio, la palanca de velocidades, el espejo retrovisor, los asientos, e incluso las ventanillas del auto-unidad. Su obra de artista, sin embargo, acusa un reconocimiento importante entre la crítica y la opinión especializada, amén del aplauso de compañeros del gremio cultural. En ese oficio de conducir un taxi, Fernando Gómez ha encontrado un filón inacabable para su discurso artístico, como puede ser constatado en sus diferentes series y en los premios recibidos por sus obras. Ya se verá qué pasos seguirá el día que la fotografía y el arte le provean de suficiente sustento y espacio como para que deje de realizar sus travesías por los laberintos urbanos que han dejado realizaciones plásticas de singular valía.

 

Fernando Gómez, la mirada del taxista 


Sus fotos –hay que reconocerlo como virtud y no como defecto– son presentadas al público tal y como fueron tomadas: sin retoques ni manipulación digital. Es la realidad cruda que golpea al espectador con verdad, ironía, dureza e inclemencia. Baste recordar algunas de las imágenes que conformaron su serie de 2009, La mirada del taxista. Hoy, Fernando Gómez se ha propuesto realizar una serie que contrasta dos ciudades, dos universos sociales y económicos distintos: por un lado Monterrey, Nuevo León, México, y por el otro, la ciudad de Brighton, al sur de Inglaterra. Nada nuevo en contrastar realidades: Inglaterra no es México, México no es Inglaterra. Eso es irreductible. Pero aquí lo más interesante es la mirada de Gómez, esa que desnuda, esa que hace que las circunstancias de un sistema podrido luzcan hasta no poder más. 
Como siempre, profundidad y sentimiento encuadrados de manera singular, única. Crónicas espejo que hablan de uno, de lo que pasa y de quien está detrás del visor. Desde los suburbios de la ciudad de Monterrey hasta las costas del frío mar de Gran Bretaña.

 

La obra fotográfica de Óscar Fernando Gòmez Rodríguez –cuya participación el España dejó un muy grato sabor de boca entre los asistentes a la exposición La Mirada del Taxista– nos participa siempre de una visión que, a su manera, dota de un armonía al caos. Fernando compone al desorden callejero y le imprime un equilibrio preciso dentro del relajo callejero cotidiano. Su visión es naturalmente geométrica pero no siempre simétrica.

 

Fernando Gómez, la mirada del taxista  

 

Trabajar, precisamente ruleteando en las orillas de la capital neolonesa, sin duda dota a su obra de una veracidad que en manos de otro artista se inferiría forzada. La manera en la cual acomoda sus elementos, los sujetos, propiamente dichos, podría calificarse de magistral. Sin embargo, con todo, muestra la ventaja de no parecer acartonado ni acusar una intención que denote preciosismos falsos; al contrario, hay una cierta calidez en la mirada que no por ello llega a ser intimista sino lo contrario. Guarda una distancia y una relación no despersonalizada pero sí desprovista de adjetivos e interpretaciones maniqueas. Bienvenida su fotografía intensa y ordenada dentro de un mundo de hoy cuasi-irreal y desprovisto de sentido.

 

Fernando Gómez, la mirada del taxista 

 

Fernando Gómez lleva pidiendo al gobernador de Nuevo León una concesión de taxi desde hace años. Y éste se hace el desentendido. ¿Será que el político quiere empecinarse en que el artista sea más artista?... La realidad del arte es intensa y, a veces, supera a la vida de un artista. La producción de Fernando Gómez es más grande que él mismo y que la prosapia del propio gobernador de Nuevo León. La obra de Fernando es inmensa, baste recordar la fotografía del bache en forma de corazón para entender el tamaño de su visión.

 

Manuel Zavala y Alonso,
Raúl Casamadrid

Agosto, 2011



Lo último en Marquesado de la Obsidiana

 

Wikipedia ¿responsabilidad social?
Un incendio en Navidad (cuento)
The Social Network, ¿los límites entre lo público y lo privado?
Julian Assange, ¿primer héroe del siglo XXI?
Biutiful de Alejandro González Iñárritu, ¿cine global?

 

 

 

Redes sociales