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Jueves, 28 de julio de 2016

Bordando por la paz. Memorial ciudadano por los muertos
Escrito por Dominique Legrand-Hubert

Del colectivo Fuentes Rojas y del Movimiento por la paz surgió hace un año la idea del Memorial ciudadano por los muertos de este sexenio en México que se presentó el 1 de diciembre, día simbólico por excelencia, en el Centro Histórico. Se expusieron bordados, de los que existen unos 2,500, recordando cada uno el nombre de un asesinado, con la fecha y las circunstancias de su muerte. Una de las representantes de Bordando por la paz nos cuenta cómo nació la idea: “En una reunión oímos hablar de una estudiante en Arte de Oaxaca que bordaba episodios de la nota roja. Buscábamos una idea de visibilizar a los muertos, de hacerlos presentes. De ahí nació la idea de retomar el bordado, de bordar el nombre de los compañeros muertos en un pañuelo. Esta experiencia la retomamos y fortalecimos con la de los bordados contra el olvido que se hicieron en Guatemala en los años ochenta y los pañuelos bordados que portan las madres de la Plaza de Mayo en Argentina”.

 

“Se eligió esta forma de recordarlos para hacer que no sean sólo cifras, pero, paradójicamente, existía también la necesidad de contarlos, de saber cuántos eran. Utilizamos una base de datos de muertos realizada por unos italianos, y otra que se hace en una página llamada Nuestra aparente rendición, que trabaja con voluntarios la Nota Roja de todos los estados”.

 

Gente venida de varias partes de la República y también del extranjero presentó las obras bordadas a lo largo de un año. Hubo unas cien personas bordando, como los habíamos visto hacer los domingos en calle Madero del D.F y en la plaza de los coyotes en Coyoacan.

 

Nos habla otra bordadora, llamada Libertad –pienso en la obra de García Lorca, Mariana Pineda, en donde la heroína es condenada a muerte por bordar una frase en pro de la libertad en España–, de este modo de expresión: “El bordar es el unir, porque se ha desmembrado la sociedad. Hay también una parte terapéutica: a través del hilo y del paciente trabajo, los simpatizantes y los familiares de los muertos se acercan más a ellos”. Uno evoca los puntos de sutura para cerrar las cicatrices.

 

Las formas de bordar son múltiples, puede haber dibujos como en las que vienen de Japón. El hilo es generalmente rojo, pero algunos colectivos adoptaron otros tonos, como el arcoíris para los crímenes del odio o el lila por los feminicidios. Como se mencionó arriba, hubo colectivos en todo el mundo, de mexicanos que viven en el extranjero y de personas solidarias, así que algunos pañuelos aparecen con recordatorios en otros idiomas. Para todos, hay que tratar de construir una solidaridad a fin de que impere cierta razón humana por encima de los escombros, cierta razón de creer en la sociedad en la que uno vive.

 

¿Qué se hará luego con estos testimonios que tanto conmueven y perturban a la vez?

 

Nota: El Sábado primero, estaba en la Alameda, preparando mis entrevistas. Como a las doce y media, los organizadores me dijeron que iban a llegar unos compañeros suyos del Zócalo. Los que llegaron corriendo no eran ellos, sino manifestantes envueltos en una nube de gases lacrimógenos, perseguidos por policías. Algunos bordadores sentían mucho miedo, más aún porque algunos de ellos y ellas habían vivido en carne propia escenas de gran violencia que precisamente estaban denunciando, pero la organización resultó efectiva y rápidamente pudieron refugiarse en lugares cercanos y seguros.

 

 

 
 
 


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