Blogs Artes e Historia México

compartir en facebook  compartir en twitter

 

Jueves, 04 de agosto de 2016

Bicis en la Alameda
Escrito por Angélica Abelleyra

Adentrarse por estos días de frío y lluvia entre los prados de la Alameda Central y continuar los pasos de quien camina o compra o se tira al pasto para atraer un rayo escuálido de sol, significa también toparse con docenas de bicicletas sin movimiento pero mucho color. También la posibilidad de vernos cara a cara con dos presencias que nos pueden llevar a cierta sanación gracias al poder transformador y convulsionante del arte. Dos creadores de universos que nos tocan desde diversos flancos por su vitalidad y carga de experimentación; por su vaivén entre corporalidad y espiritualidad; por su abanico enorme de fuerza y sutilezas. Son Marina Abramovic y Gilberto Aceves Navarro, desplegados con su obra en el Laboratorio Arte Alameda y el Museo del Palacio de Bellas Artes, respectivamente.

 

Ella, la artista serbia (Belgrado, 1946) pionera del performance, interesada en los aspectos espirituales del sexo y en las inmoralidades de las guerras. Él, maestro chilango (DF, 1931) apasionado, hiperactivo y juguetón que ha hecho del dibujo una tarea abierta, plenamente corporal, seria y divertida. Diferentes medios de representación, de temáticas y abordajes pero un similar sentido de recreación de la experiencia amorosa.

 

Por un lado, Abramovic se sumerge en las profundidades del dolor y desafía sus propios límites físicos y mentales en series como El arte debe ser bello, el artista debe ser bello; Liberando la voz; Liberando la memoria; Limpiando el espejo; Conciencia dormitante… integradoras de su enorme Galería de video retratos donde muestra su rostro y cuerpo en acciones para purificarlo, a partir del estudio hecho de las filosofías orientales desde 1975.

 

Pero no sólo esta exploración interna forma parte del trabajo exhibido por primera vez en México con tal amplitud. También están sus encuentros con monjes tibetanos, materializados aquí en la video instalación con 108 rostros de éstos monjes en plena ceremonia coral de mantras; o su indagación erótica a partir de la recreación del folclor antiguo de su natal Belgrado y aquellos rituales paganos, explícitamente sexuales, para propiciar la fertilidad de la tierra, la presencia de lluvias o la fecundación, incluidos en la serie Épica erótica balcánica. Mención aparte merece la sección en el piso superior del ex convento, donde Abramovic muestra a docenas de niños y niñas vestidos de milicianos en el juego perverso del armamentismo y la guerra, temas que la autora ha abordado en múltiples ocasiones como respuesta emocional a hechos que le generan (y a todos nosotros también) vergüenza: llámese la guerra en los Balcanes, en Gaza, en Angola, en…

 

Y aunque son otro tipo de batallas las que Aceves Navarro nos devela en Bellas Artes en la más completa exhibición de su trabajo de cinco décadas, infantes azotados por el desconsuelo del abandono y la muerte forman parte también de su obra en la serie Los niños del mundo. Muñecos clavados en las telas que muestran no sólo el interés del pintor en los temas contemporáneos que flagelan nuestro planeta sino el abordaje que Aceves Navarro hace del arte objeto y la instalación en ésta y la entrañable serie de cartas a su madre, donde sus autorretratos desdibujados lanzan preguntas a la ausente. Otro tono es el de sus gordas en la playa, las cabezas de Benito Juárez y las series temáticas de la Decapitación de San Juan Bautista, Felipe II, Adán y Eva y muchas otras lecturas formales y atentas de Durero, Philip Guston, Manet y Bacon; homenajes a Tamayo, a Van Gogh; a la espontaneidad de la pintura y a la racionalidad del dibujo al unísono; a la concordancia de lo figurativo, lo abstracto, lo expresivo. Porque tanto en Gilberto Aceves Navarro como en Marina Abramovic, todo cabe, acomodado y sin desperdicio.

 

(La exposición de Marina Abramovic permanecerá abierta hasta el 25 de enero en Dr. Mora 7, metro Hidalgo, mientras que la antológica de Gilberto Aceves Navarro estará disponible al público hasta el 15 de febrero en el Museo del Palacio de Bellas Artes, metro Bellas Artes)



Lo último en Cambio de luces

 

Héctor Xavier: el trazo de la línea y los silencios
Rogelio Naranjo nos dejó su poético y agudo trazo
Laurie-duende-Anderson
Arte y memoria desde el sur, sur, sur...
Niños de la guerra

 

 

 

Redes sociales