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Jueves, 04 de agosto de 2016

Doble Negativo
Escrito por Ernesto Zavala

 Pienso que Lorena Mata padece una sed inagotable

de ver sin descanso, así nace su pasión por fijar las imágenes…

No hay discursos que nos expliquen, es sólo la forma desnuda

la que nos habla.”

Gilberto Aceves Navarro 

 

La obra fotográfica de Lorena Mata es un vaso comunicante. Combina los procesos artísticos y técnicos de la fotografía tradicional con las intuiciones y herramientas tecnológicas de la fotografía digital. Su trabajo revela un eslabón perdido en la evolución de la cámara, como máquina, y en la propia fotografía, por el modo de concebir la imagen. Su formación como pintora pone en práctica, con el manejo del retoque, los fragmentos, la combinación de espacios y tiempos que ofrece la computadora, una forma de arte experimental. Se puede decir que su fotografía digital no estaría desprovista de negativo, más bien, la propia idea de la cámara, sus componentes y procesos, se estarían volviendo a ensamblar.   

                 

La formación fotográfica de Lorena Mata fue en “la vieja Hungría”, lugar bautizado así por Ida Rodríguez. Era casa y estudio en la colonia Roma de Katilin Deutsch Blau, nombre de soltera de Kati Horna. Fotógrafa nacida en Budapest que llegó a México en 1939, antes incluso que Remedios Varo o Leonora Carringnton, dos de sus amigas más cercanas. Kati Horna, a diferencia de ellas, nunca gustó de ser etiquetada como surrealista Dedicando buena parte de su carrera a la docencia, la artista húngara fue maestra de San Carlos y en los últimos años de su vida se dedicó a grupos selectos de estudiantes, debido en parte a las dificultades y limitaciones de su traslado.

 

Fue entonces cuando Lorena Mata inició aquella etapa como estudiante que estuvo marcada por el aprendizaje del fotomontaje, la estructuración en series y la búsqueda de intuición e intimidad en la fotografía. En aquella época, la joven artista, trabajó con la fotógrafa anarquista una de sus primeras series de fotografía Tatuajes, en la que el laboratorio de fotomontaje abrió para ella una nueva forma de exploración de las huellas de la existencia; sin embargo, la imagen fue adquiriendo también cada vez más una necesidad de exterior que se combinó con las nuevas tecnologías. Kati Horna falleció en el año 2000, último año del siglo XX.

 

Consciente de que la fotografía es más que un proceso técnico, en sus siguientes series, la exploración de Lorena Mata fue incorporando procesos digitales dentro de los que Pedro Meyer fue también una influencia significativa. La propia distancia entre las formas análoga y digital de la fotografía la llevó aresolver de un modo diferente el planteamiento, lo que que para el año 2010 conformó dos series: La Cajay Piedra Múcar en las que la pintura es una parte fundamental.

 

La Caja es una serie “servida” en tres tiempos: colectasensaciones y sueños. Aquí, la fotografía digital incorpora técnicamente un manejo del color muy cercano a la pintura, volviéndolos una suerte de lienzos digitales. Al observarlos a primera vista, la propia idea de fotografía no es evidente. El manejo de texturas y veladuras amplía las cualidades del fotomontaje; los elementos no sólo se sobreponen sino que hay una combinatoria que vuelve la obra algo difícil de clasificar. La serie permite encontrar personajes, elementos y objetos que se van reencontrando y transformando. Pero hay también un cambio de lo analógico a lo digital que simplifica la conexión con la imagen y resignifica la fotografía. Las imágenes tienen huellas que las comunican entre sí y que dan pistas de historias que se cuentan en silencio. El lenguaje está velado y requiere ser revelado, con ello reaparece  también la idea de fotografía.

 

Piedra Múcar (La vulnerabilidad del fuerte) es un recorrido por la prisión de San Juan de Ulúa. La imagen digital es una disección del “monumento”. La prisión es observada y fotografiada como una escultura desde diversos ángulos hasta hacerla confesar. El manejo digital del color está basado en cada una de las tomas, sin añadir, sólo explotando la paleta de cada una. Las tonalidades están atrapadas, su intento de fuga sólo consigue enfatizar esa pertenencia. La fotografía captura a los fantasmas que habitan las paredes, las fragancias del salitre y muelle, las temperaturas. La cárcel está vacía, no se observa a nadie, los colores lo festejan con artificio. La fotografía se convierte en una evidencia de libertad.      

 

Las imágenes de Lorena Mata atraen para abrir esa disyuntiva señalada por Barthes, “Tales son las dos vías de la fotografía. Es a mí a quien corresponde escoger, someter su espectáculo al código civilizado de las ilusiones perfectas, o afrontar en ella el despertar de la intratable realidad”. Por la superposición a varios niveles y su digitalidad, podría decirse además que son un ecollage de estilos en los que la fotografía es revelada por la pintura en un formato digital.

 

Ernesto Zavala

Julio CDMX



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