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Jueves, 04 de agosto de 2016

Carta Editorial
Escrito por Ernesto Zavala

Estamos en una época en la que el arte se da por hecho, tanto a favor como en contra. Hoy es y no es arte, como un gato de Schrödinger vivo y muerto  pero sobre todo, en una caja sellada. Hay, pues, gato encerrado como si no hubiera mucho que hacer al respecto. Se piensa luego,es algo subjetivo, ¿qué se le va a hacer? Y gracias a la libertad de expresión y la tecnología se puede, en apariencia, hablar de cualquier cosa y decirlo todo, compartiendo o subiendo contenidos, videos e imágenes. La información pasa, se copia y pega o es ignorada, es libre en la red. Uno se queda asombrado por los sentidos que  tiene la libertad en el siglo XXI. Hay libertad de expresión; sin embargo, se dice poco o casi nada. La liberación actualmente es una forma de mercadotecnia.

Cuando se trata además de crítica de arte, vienen casi de inmediato ideas como American IdolMaster Chef, cuyos personajes y libertad de expresión son el show. Pero si el crítico es visto como un golpeador, no es porque hable en serio de las cosas, sino porque hay una sobredosis mediática y principalmente porque se sobrevalora la subjetividad. Vemos el arte con la misma mirada que observamos una pantalla, un acto de individualismo. ¿Es un producto más? ¿Otra forma de entretenimiento? El crítico de arte dice qué ver y en algunos casos tiene una cartelera de la videoesfera. Pero después de todo, no debería de ser peor el remedio que la enfermedad o que el Curador. La crítica “no es personal”. Si no conecta directamente con el objeto, con la obra de arte, es entonces publicidad disfrazada, a favor o en contra, pero su objeto es el público y no la obra. La crítica de arte, en cambio, trata y escribe de los objetos.

Decir arte contemporáneo causa un cierto arrebato, como si habláramos de lencería en su sentido original -conjunto de lienzos o el lugar donde se venden-. Exploremos y disfrutemos este placer equívoco de la superficialidad.  Será necesario escribir con los conceptos que definen nuestra época, abordar expresiones actuales, recorrer lo mismo ferias de arte internacionales que galerías o espacios underground, conocer artistas vivos, matar al autor;será necesario “vivir con ambigüedad”, rechazar que las cosas tengan significado. Si el arte estuviera determinado por su precio, por el lugar en el que se expone, por los reflectores, por la academia, sería justamente lo contrario a la libertad de expresión. El arte desea salir de la caja. Creo en la curiosidad del gato, en sus siete vidas ¿Qué importa si salir de la caja le costara más de una? El arte es una esfera de ternura y electricidad, la esquiva y seductora videoesferaque se apropiará del espacio y nos convertirá en objetos. La seducción está en las palabras, que le animarán a salir de esa caja de zapatos.

Fuera del lienzo también hay urdimbre y trama.

 

Ernesto Zavala

Junio 2016 CDMX



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