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Lunes, 26 de septiembre de 2016

Laurie-duende-Anderson
Escrito por Angélica Abelleyra

Tener a unos metros de distancia a Laurie Anderson es un lujo.

 

Escuchar sus historias, su voz que alcanza tantas modulaciones como sus conceptos de la muerte, la memoria, los duelos, el olvido.

 

 

Ver a sus espaldas las imágenes que ha construido de perros y violines, del sonido encapsulado en mesas y brazos humanos; de las redes de afecto, risa y comunicación que puede establecer lo mismo con Moby Dick que con sillas eléctricas o con presos en cárceles, llámense Santino o Mohamed. Mirarla así, aparentemente frágil en su traje claro, gris-azul,  coronada por una boina café y botines de igual tesitura para los ojos, que la convierte en casi duende. Alma con micrófono en mano que habla de tibetanos, delfines y la NASA; de besos sin afecto, de furias en cámara lenta, de haikús y tantas gravitaciones.

 

Artista total: videasta, escritora, hacedora de música, bailarina, entusiasta y crítica de la tecnología, se reunió con universitarios y simple y llanamente admiradores, el martes 20 de septiembre en la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario.

 

Se trató de la conferencia de apertura a la Cátedra Max Aub en arte y tecnología, donde la poeta Rocío Cerón fue contundente y cálida en la bienvenida a la estrella neoyorquina de la multimedia. Ambas creen en el espacio ritual que genera la poesía y en los lenguajes mixtos, porosos, contaminados, abiertos, amplificados, como bien señaló la poeta mexicana de su colega, a la que también se hermana en la visión de que “el arte no es sólo el artista sino las fuerzas de lo social, lo estético, lo profundo, la vanguardia”.

 

Laurie llego con pies voladores, ligeros. Y habló del privilegio de ser artista multimedia porque puede hacer lo que le da la gana y resulta que eso que le da la gana la lleva y nos conduce a oscuridades, fracasos, preguntas, siempre preguntas. Su reflexión sobre las escalas humanas, el lenguaje y sus conflictos, los sueños y lo que en ellos sucede  o el cambio de su propia voz  que expande sus puntos de vista y le regala filtros para ver de tantas maneras extrañas esos mundos que la rodean.

 

La UNAM y la Universitat Politécnica de Valencia y lograron traer a la artista de 69 años que viaja por el mundo de la mano de su ironía y dulzura. Colocada ya en la marquesina mundial,  Laurie sin embargo sugiere a los artistas multimedia que trabajen en proyectos en los que no gasten mucho dinero ni tiempo o corren el riesgo de nunca realizarlos. Porque se pueden hacer cosas peligrosas con un lápiz, sonrió la jovencísima Anderson que después recordó sus olvidos de niña lastimada, paralítica temporal a causa de una caída, y el olor a medicina entre el llanto infantil y los sonidos de la noche en hospital.

 

Al final de la charla vinieron pocas preguntas. Y entonces ella prosiguió con su calidez para decir que en la actualidad hay tantas maneras de hacer arte que hay espacio para todos. “Háganlo, no esperen”. Soy fan de ser uno mismo, de enseñar(se) a uno mismo. Lo mejor del arte es la libertad que te da. “Una libertad que está en la mente y por tanto es la parte más difícil de todo”. Así transcurrió la tarde con Laurie-duende-Anderson. Afortunados muchos de quienes la vivenciamos, aún a la distancia y cercanía de metros. Eso sí,  TVUNAM ha anunciado que hará un programa especial de dicho encuentro. Estaremos atentos.

 

 



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