Artista 11,2016
(Noviembre 2016)
Barry Wolfryd
1952-00-00

 

Fecha: 2016-11-01

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El experimento, 2016
Óleo y encausto sobre tela
127 x 160 cm

 

En prácticamente toda la obra de Barry Wolfryd -artista de origen estadounidense radicado en México desde hace 35 años-, destaca un sentido de crítica permanente, que desarrolla fundamentalmente mediante una iconografía caracterizada por una dosis de cinismo, un humor negro, sarcástico, irónico.

 

Para Barry Wolfryd el sentido humorístico -de cierta manera, lúdico- de tratar los temas conforman un lenguaje universal cuyo punto de partida es la comprensión: “el humor nos relaja y nos da la oportunidad de reflexionar sobre las cosas”.

 

Es un artista figurativo que recurre a diversos elementos icónicos o simbólicos de consumo masivo –algunos universales, como la figura del ratón Mickey- que son desacralizados, para hacer referencia a una serie de temas, algunos ampliamente representados, como la reflexión en torno a las complejas relaciones biculturales entre Estados Unidos y México. Buscando darle un sentido más universal a su obra, desde algunos años aborda temas más cotidianos, como pueden ser el amor o la fe, pero que no están exentos de conflictos; además de otros más constantes, como la guerra, la desigualdad, la injusticia, el abuso, la discriminación, etc.

 

Más recientemente, en el año 2014 en Berlín, Alemania, presentó una serie de cuadros de pequeño formato basados en el código S.O.S, reemplazando los puntos y rayas que componen la clave Morse por la sobreposición de elementos figurativos, realizando ensamblados al introducir objetos en las telas, pero de manera mucho más austera, sin la sobrecarga de formas y figuras que suelen caracterizar sus cuadros.

 

La pintura se caracteriza por composiciones muy dinámicas, sin planos y con una saturación de figuras que invaden el espacio pictórico. En términos formales, utiliza colores intensos y contrastados y algunos trazos expresionistas, pero también construye espacios –o momentos- abstractos, en los que, sin embargo, siempre destaca la presencia de la figura como referente, como ícono. Pero Barry Wolfryd no se centra sólo en este aspecto de la pintura. Entre sus variaciones también realiza composiciones más conceptuales y austeras, como las telas con fondos monocromáticos –negros, sobre todo- en las que ubica solo un elemento o figura, reforzando de este modo la presencia del signo como referente.

 

Trabaja básicamente con óleos y encaustos –cera- que le permite generar las variaciones de grises, así como las transparencias, logrando ricas capas pictóricas.  Como todo artista que busca y le interesa experimentar y explorar con materiales y técnicas de diversa índole, además de haber trabajado con acrílicos, mixtas, etc., Wolfryd transita hacia las formas volumétricas en cerámica y el vidrio para crear piezas concebidas como escultura y no como objetos utilitarios. El vidrio ha sido un material con el que pocos pintores se han atrevido a incursionar. Wolfryd lo utiliza como materia que, debido a su proceso, permite  generar obras únicas, al ser trabajado en caliente, con el vidrio fundido y no con molde.

 

Con un rico bagaje cultural a cuestas, que incluye distintas influencias de artistas y movimientos de diversa índole, pero en específico, los medios de comunicación y un arte pop -más genuino y real-, como aquel involuntario de su vecino rotulista, que pintaba a mano los anuncios para las tiendas o supermercados.

 

En México las inspiraciones fueron otras: los retablos, los paisajes místicos, la historia precolombina y, una vez superada la etapa romántica que experimenta todo extranjero que decide quedarse, descubre otro aspecto más real. Así, incorpora elementos pertenecientes al folklor popular: juegos de feria, muñecas de cartón, u objetos y figuras emblemáticas de la “cultura” de los narcos ahora. Ejemplo de esto último son los cuadros que representan una mesa puesta con el ajuar característico, pero en la que reemplaza los cubiertos por las armas.

 

Barry Wolfryd busca develar el lado oscuro, implícito y contenido, partiendo de la idea de que todos están “en la mira”, y haciendo también referencia a la sentencia de Octavio Paz: “la ley de chingar y ser chingado”. Sin embargo, en el conjunto de su obra no hay un panfleto porque su pintura siempre conlleva una segunda lectura: aquello que va más allá de lo que es evidente. Es un lenguaje simbólico en donde el humor juega un papel fundamental para provocar una reflexión analítica y también emotiva.

 

Barry Wolfryd nació en Los Ángeles, California, pero ha llevado a cabo la mayor parte de su carrera artística en México, donde ha vivido durante los últimos 35 años. Bajo las influencias de jazz, la música de Frank Zappa, el pop y la escuela de Nueva York, Wolfryd comenzó sus primeros ensayos creativos. Estas experiencias desarrollaron una base ideológica que iba a unirse con la cultura por medio de la conciencia histórica y la crítica social. Wolryd inició sus estudios artísticos en 1972 en Housatonic Community College en Bridgeport, Connecticut, EE.UU. En los siguientes diez años, en las escuelas de arte alternando entre en su país natal y en México. A los 22 años se trasladó a México y en 1975 se matriculó en el Instituto Allende en San Miguel Allende, Guanajuato, México. En 1982 estudió en el Instituto de Arte de Chicago y en 1984 en el Instituto Nacional de las Artes en San Luis Potosí, México. Fue en este momento que Wolfryd descubrió la cultura de cinismo mexicana (chingar o ser chingado, de Octavio Paz), de la que su obra, en gran medida se ha definido.

 

En 1985 se trasladó a la Ciudad de México, donde amplió sus actividades artísticas. Estuvo presente en el terremoto del 19 de septiembre de ese año. A partir de esta  experiencia el arte en México dio un giro histórico. Wolfryd se convirtió en un jugador activo en la nueva visión y dinámica que superó a la "Cortina de Nopal", establecido por la anterior generación de artistas como Cuevas y Tamayo.

 

En 1986 tuvo su primera exposición individual importante y comenzó a participar en exposiciones nacionales e internacionales en la Ciudad de México, Chicago, Dallas, San Antonio, Los Ángeles, Nueva York y Roma.

 

En 1987 comenzó a colaborar con Salón de los Aztecas, un grupo artístico que estableció una ruptura con las tendencias dominantes de las artes visuales en México mediante la adopción de los espacios públicos y edificios para transformarlas en proyectos de intervención colectiva. "La toma de Balmori", "El Ruele" y "El Vizcaína" eran sólo algunos de estos proyectos.

 

Fundó en 1998 el espacio experimental Out Gallery, junto con el Salón de los aztecas, La Zona y La Quiñonera; estos espacios ayudaron a crear uno de los fenómenos artísticos más dinámicos de la Ciudad de México.

 

Durante una temporada en Los Angeles, California (2005-2008), abrió un taller en The Brewery, un conglomerado de más de 150 estudios de creadores artísticos. Allí, con la incorporación de elementos, iconos y símbolos de su ciudad natal, su trabajo tomó una nueva dirección, con un enfoque de política y asuntos contra consumistas.

 

Entre 2008 y 2011, de vuelta en México, se dio cuenta de una nueva serie de pinturas que documenta la violencia que padece el país, como resultado de las actividades de la delincuencia organizada.

 

En 2013 terminó una serie de seis grandes murales portátiles en lienzo y baldosas de cerámica que se mostrarán en el 2014.

 

En 2014 viajó a Berlín, Alemania, para realizar una serie de pinturas y exposiciones. También completó una serie de esculturas de vidrio en los estudios Berengo en Murano, Italia.

 

Ahora está preparando una exposición individual de 2016 en el Museo de Arte Moderno de Trieste, Italia.

 

El soundtrack de una vida: Barry Wolfryd

 

 

Autor/Redactor: Daniela Cuéllar
Editor: Manuel Zavala Alonso

Pintura en color I

 

 

Pintura en color II

 

 

Pintura en blanco y negro I. S.O.S

 

 

Pintura en blanco y negro II

 

 

Pintura en blanco y negro III

 

 

Obra en cerámica

 

 

Obra en vidrio

 

 

Estudio

 

 

 

 

 

Cross Border from Luis Ambriz on Vimeo.

 

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